A grandes males, grandes remedios – La contaminación al límite

La semana pasada, mientras disfrutaba de mi café mañanero y ojeaba el periódico, descubrí una noticia mala y buena al mismo tiempo: el Gobierno francés imponía el tráfico alterno de vehículos en París este pasado lunes.

Mala porque esto quiere decir que los niveles de contaminación han llegado ya a un punto insostenible; buena porque por fin parece que alguien toma conciencia de la gravedad de estos elevados datos.

La capital francesa llevaba ya varios días en alerta roja por los niveles de polución registrados, que el sábado alcanzaron los 180 microgramos de partículas PM10 por metro cúbico. Teniendo en cuenta que el límite de seguridad está situado en 80, podemos hablar de un estado alarmante. Dadas estas circunstancias, se decidió de manera urgente que el lunes día 17, sólo circularan los vehículos con matrícula impar.y no una solución definitiva al problema de la contaminación, pero es un comienzo.

Estos datos sobre Francia deberían servir para como aviso a España: Madrid, por ejemplo, superó en 2013 los niveles de contaminación permitidos. Y no hace falta ni siquiera conocer los datos para saber que algo estamos haciendo mal, basta con mirar al cielo y la nube que de forma casi permanente luce en el mismo. deberíamos comprender, de una vez por todas, que la presencia de agentes contaminantes en el aire es un problema que provocamos cada uno de nosotros y que nos afecta a nosotros mismos.

El aumento del riesgo de padecer enfermedades respiratorias, cardiovasculares, arritmias o ataques cardíacos entre otros no es algo que debamos tomarnos a la ligera. Tampoco lo es el daño que causamos al medio ambiente y que vuelve a nosotros en forma de aire de pésima calidad, con altas concentraciones de dióxido de nitrógeno, ozono troposférico o las partículas en suspensión (PM10 y PM 2,5).

¿Cuál sería la solución a estos elevados niveles de contaminación? Yo no soy una experta en estos asuntos pero desde luego se me ocurren un par de cosas:

En primer lugar que los gobiernos fomenten el uso del transporte público bajando los precios y aumentando la frecuencia de los mismos. También prolongar el carril bici, subvencionar los coches eléctricos y energías más limpias que las tradicionales serían buenas opciones.

En segundo que los ciudadanos tengan en cuenta que, aunque desplazarse con el coche sea más rápido o cómodo, es más saludable desplazarse andando, en la medida de lo posible.

Otra idea igualmente útil, aunque quizá más difícil de poner en práctica, sería organizar los horarios de trabajo de forma que los empleados sólo tuvieran que desplazarse a sus puestos cuatro días a la semana en lugar de cinco.

Propuestas e ideas las hay de todo tipo pero sólo hay un punto que está claro: la contaminación la provocamos todos y, por eso, sólo podemos disminuirla entre todos. Debemos dejar a un lado los intereses económicos, personales o políticos y ser solidarios y convencernos de que de lo que hagamos hoy tendrá una repercusión mañana. Y que a grandes males, grandes remedios.