Agarrarse a un clavo ardiendo. Segunda parte

Tal y como ya se abordó en la primera parte de este artículo hace unos meses, Europa se encuentra en una situación cambiante, una situación de tensión que parece que no acaba de llegar a buen puerto. Si hace precisamente unos meses abordábamos esta situación de desesperación desde el punto de vista del día a día de los ciudadanos griegos, de la necesidad de lograr una vida mejor y cómo algunos partidos políticos como Amanecer Dorado sacaban provecho de ello, en este caso le llega el turno a nuestro país vecino: Francia.

Marine Le PenHace ya casi 2 meses, entre el 22 y el 25 de mayo del 2014, se celebraron las Elecciones al Parlamento Europeo, unas elecciones que pasarán al recuerdo de muchos como las elecciones que darán paso al caos en Europa. Si bien parece que los ciudadanos europeos cada vez son más conscientes de la importancia de estas elecciones y el incremento del número de votantes es notable, los resultados de las elecciones pueden interpretarse desde puntos de vista muy diferentes. Sin embargo sí que hay una conclusión que todos podemos sacar: Europa quiere un cambio y lo quiere ya. Esta conclusión no es para nada difícil de deducir si atendemos a los resultados de dichas elecciones, en las cuales destacan la aparición o el auge de una serie de partidos de los que hasta ahora poco sabíamos, entre ellos el ya famoso Frente Nacional de Francia, liderado por Marine Le Pen.
Para aquellos que desconozcan la existencia de este partido, cabe destacar que el Frente Nacional es un partido francés nacionalista ubicado dentro de la extrema derecha que, si bien ha experimentado una popularidad creciente desde el momento de su creación en el año 1972 por Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen, éste nunca se había postulado de una manera tan notoria como favorito dentro de unas elecciones. De este modo, las Elecciones al Parlamento Europeo se convierten en el escenario del mayor logro del Frente Nacional, ganando dichas elecciones con un 25% del voto francés.
De este modo, la órbita antieuropea, patente en países como el Reino Unido o la ya mencionada Grecia, conoce por fín a ese carismático líder que tanto buscaba dentro del Parlamento, un líder que en este caso habla en francés, que proviene del más profundo corazón de Europa. Precisamente por estas razones, el Frente Nacional recibe apoyo por dos bandos completamente independientes que no hacen otra cosa que darle a este partido un respaldo mucho mayor. Estos bandos son el del bloque euroescéptico y el del creciente nacionalismo radical.
Tal y como ha sucedido en Grecia durante los últimos meses, y recordando de paso que esta es la segunda parte de un artículo ya redactado hace un tiempo, cabe destacar que la historia vuelve a repetirse de nuevo; el odio y la desesperación vuelve a materializarse en votos dentro de unas elecciones: la situación económica en Francia se ve claramente afectada por una creciente inmigración y la segregación de diferentes grupos de un mismo territorio, lo cual no provoca únicamente una larga serie de conflictos económicos, sino también de carácter social y cultural.
Esta problemática sin embargo no es el resultado de una serie de hechos repentinos, si no el triste desenlace de una larga historia marcada por la inmigración de innumerables personas al corazón de Europa en busca de una vida mejor, dejándolo todo y abrazando una nueva cultura con lo que ello conlleva en todos sus sentidos. Sin embargo, lo que está claro es que este proceso inmigratorio, en el que destacan personas de prácticamente cualquier nacionalidad, sufre una serie de deformaciones que derivan en esta segregación, la cual es a día de hoy uno de los problemas de mayor importancia en el país vecino.
Medidas como prohibir la presencia de cualquier tipo de símbolo religiosos en las aulas de los alumnos franceses o declararse un país completamente laico han sido sin duda intentos de unificar a una población que a día de hoy tiene mucho de cristiana, de musulmana, de judía o de budista, entre muchas religiones. Es por ello que, ante una situación en la que ya la diversidad de este país es más que evidente desde hace décadas, optar por el tipo de nacionalismo propuesto por el Frente Nacional puede convertirse en una autérntica bomba de relojería.
Tal y como ha sucedido en Grecia, parece que el odio y echarle la culpa al vecino parece perfilarse como la solución más efectiva, o al menos la más sencilla para vencer una situación económica y social mucho más compleja. Y es que son muchos los franceses que justifican en cierto modo la victoria del Frente Nacional, ya que estos se ven completamente indefensos y desprotegidos, optando por una serie de argumentos basados en el odio y la demagogia como única esperanza, pasando por alto declaraciones como las del presidente de honor del partido y fundador del mismo, Jean-Marie Le Pen, en las cual afirmaba que tres meses de ébola solucionarían el problema migratorio. Desafortunadamente, la desesperación y el odio hacen que de nuevo sea necesario agarrarse a un clavo ardiendo, por mucho que este siga quemando.