Amores platónicos

Hace ya más o menos un año que surgió una página en Facebook llamada Spotted, la cual daba la posibilidad de declararse anónimamente al extraño (o extraña) que te había fascinado en el metro / biblioteca / universidad, con la esperanza de recibir una respuesta que seguramente nunca llegaría.

Lo que empezó como una romántica idea, pronto terminó siendo algo bastante banal. Spotted se extendió como un virus por todos nuestros ordenadores, se crearon miles y miles de páginas diferentes (Spotted : salir por la noche, Spotted: la cafetería de la universidad, Spotted: la facultad de filología…) y ya no dábamos a basto, muchos terminaron desabonándose de Spotted ya que cada día se publicaban más y más mensajes, colapsando así todo el Facebook (aunque quizás otros se desabonaran al desesperarse por no encontrarse descritos en ninguno de los posts…).

El caso es que a día de hoy poco queda de la idea que Spotted quería transmitir al principio, y ahora encontramos más que nada a gente desesperada que utiliza tal página para buscar pareja, como si de un online-dating se tratase (encima un online-dating gratis, qué racanería, ¿no?). Aunque otros muchos lo utilizan para publicar cosas como “mi perro se ha perdido no sé dónde” o “vendo mi Ipod” y, encima, estas páginas se han llenado de gente dispuesta a expresar su odio por todo y por todos, gente que se pasa el día criticando cada mensaje que se publica, ¡no tardan ni diez segundos!

¿Es que no tienen nada mejor que hacer? Yo por mi parte de todos modos sigo defendiendo que no es necesario llevarlo todo a Internet, algunas cosas simplemente no fueron creadas para ser materializadas en la red. Pero dónde quedaron los días en los que te decidías, muerto de vergüenza y con la adrenalina de no poder ser visto, a meterle aquel papelito arrugado en el bolsillo a aquella persona que había captado tu atención, por la que sentiste un flechazo instantáneo. O quizás sea mejor no decir nada, ¿no? Dejar marchar, disfrutar de la efímera presencia de aquella persona intangible frente a ti.

Puede ser que valoremos más el momento sabiendo que se trata de un encuentro único, mágico. Después de todo, a veces es mejor dejar que esos amores pasajeros se reduzcan simplemente a amores platónicos, idealizados. Que tal y como es nuestra mente humana acabaríamos analizando cada detalle de la persona, percatándonos al final de que no era aquel ser perfecto que creímos ver cuando simplemente le dejamos pasar, proseguir su camino, pasar a tu lado y oler la fragancia en una pequeña disimulada ráfaga de viento en el metro. Quizás sea ése el mejor recuerdo.

Y para culminar el artículo y cumplir mi deber como estudiante de filología francesa, os dejo un poema de Baudelaire que precisamente habla también sobre uno de esos encuentros pasajeros.

À une passante – Charles Baudelaire (1821-1867)

La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,
Une femme passa, d’une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l’ourlet;

Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l’ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.

Un éclair… puis la nuit! – Fugitive beauté
Dont le regard m’a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l’éternité?

Ailleurs, bien loin d’ici! trop tard! jamais peut-être!
Car j’ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
O toi que j’eusse aimée, ô toi qui le savais!

Traducción al castellano: A una transeúnte

La calle ensordecedora alrededor mío aullaba.
Alta, delgada, enlutada, dolor majestuoso,
Una mujer pasó, con mano fastuosa
Levantando, balanceando el ruedo y el festón;

Ágil y noble, con su pierna de estatua.
Yo, yo bebí, crispado como un extravagante,
En su pupila, cielo lívido donde germina el huracán,
La dulzura que fascina y el placer que mata.

Un rayo… ¡luego la noche! — Fugitiva beldad
Cuya mirada me ha hecho súbitamente renacer,
¿No te veré más que en la eternidad?

Desde ya, ¡lejos de aquí! ¡Demasiado tarde! ¡Jamás, quizá!
Porque ignoro dónde tú huyes, tú no sabes dónde voy,
¡Oh, tú!, a la que yo hubiera amado, ¡oh, tú que lo supiste!

Isabel Döbold
Estudiante de filología francesa
Múnich

Blog: http://cosasquedecimossinpensar.blogspot.com