“Blade Runner”: La obra maestra del cine de ciencia ficción norteamericano (**** y ½ de 5)

Nos encontramos en una época en que la industria cinematográfica ha sabido perfeccionar, poco a poco, las herramientas más efectivas para su propia rentabilidad. El cine de Hollywood actual, aunque lleno de grandísimas obras, es el cine del remake. El cine de la precuela tardía, el cine de las segundas partes. No hay más que ver como las grandes sagas que triunfaron en la época de los 70 y de los 80 se encuentran ahora pendientes de una continuación ya confirmada: Veremos el episodio VII de Star Wars a finales de este mismo año, de la mano de J. J. Abrams. También sabemos que se busca sustituto para Harrison Ford de cara a nuevas películas de Indiana Jones. Hay ya director para una nueva película de la historia de “Alien” (después de la más que decepcionante “Prometheus”). Y, ahora, sabemos ya que, el año que viene, veremos la segunda parte de una de las películas de ciencia ficción más geniales del cine norteamericano: Blade Runner.

Blade Runner

Tiene ya incluso director confirmado: Denis Villenueve, realizador de películas como “Enemy” o la injustificadamente ignorada “Prisioners”. Quizás por todo esto, los cines (madrileños, por lo menos, que yo sepa) han estado ofreciendo una reposición de la obra original de Ridley Scott. ¿Y cómo hacer una crítica de una película considerada de culto del año 1982? Difícilmente, claro está. Porque la visión futurista que nos proporcionaba Scott a principios de los ochenta no se ajusta para nada a la imagen del futuro que nos muestran las películas actuales. Si uno se acerca a Blade Runner sin saber mucho de cine de ciencia ficción, le parecerá que está viendo una historia que, salvo por los coches voladores, bien puede estar situada en el pasado, convirtiéndose en una suerte de novela negra con algún que otro detalle “robótico”.

Pero es que Blade Runner es mucho más. Desde luego, no se ajusta a los cánones de la ciencia ficción actual, en la que predomina la acción desenfrenada y los efectos especiales. La película de Ridley Scott es ante todo una cinta muy calmada. A muchas personas les parecerá hasta lenta. Se prefiere la calma de la investigación de Rick Deckard en su búsqueda por encontrar a los replicantes que las escenas de persecución o de mucho movimiento, que se reducen a los momentos en los que el protagonista consigue rastrear a los objetivos que debe eliminar. Y ahí está precisamente la magia de Blade Runner: se toma su tiempo para construir un futuro creíble y con personalidad, al tiempo que invita al espectador a participar de su reflexión filosófica.

Blade Runner City

A este respecto, no podemos decir que sea una película sin mensaje. Scott prefiere darle mucha más importancia a los conflictos morales y personales de Deckard que a la propia trama en sí, de manera que el resultado final se convierte en una obra muy personalista, muy cuidada y llena de detalles sutiles. Quizás sea poco objetivo decirlo tan explícitamente, pero eso es lo de menos a estas alturas: Blade Runner es sin duda uno de los mayores exponentes del cine de ciencia ficción (y del cine en general) y es una de esas cintas indispensables que uno necesariamente tiene que ver alguna vez en su vida. Y lo es por su especial manera de retratar el mundo futurista (muy cercana al estilo steampunk, parecido al de películas como “Heavy Metal”, de 1981), por su extremadamente eficaz banda sonora, por su preferencia por la trama en lugar de por la acción, y por su mensaje relacionado con la propia existencia humana.

CONCLUSIÓN: No hay más que escuchar de nuevo el sobrecogedor discurso de Roy Batty para saber que lo que tenemos delante es una obra maestra del género: Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.