Cansados de Ucrania. Una nota para el olvido.

Saturados los apetitos informativos con la ingesta selecta de dosis de desinformación y banalidad, Ucrania se ha transformado, se está transformando en un simple asunto, suceso, de monótona actualidad.

Un suceso que en la parrilla informativa occidental amenaza con ser nada más que una anécdota diaria del morbo por la violencia de los civilizados creadores de opinión europeos y norteamericanos: el espectáculo cansino. El tratamiento informativo de Ucrania va deformándose cual evento cotidiano y normalizado en nuestros televisores, radios, periódicos y computadoras como ha ocurrido con la sangrienta y brutal guerra civil en Siria, el interminable conflicto de Palestina o el ya aburrido Estado fallido de Irak. Venezuela podría ser otro caso más de este olvido, de esta pérdida de interés, pero con una notoria diferencia: en Ucrania la violencia va en espectacular aumento.

De hecho es notorio que la cobertura mediática occidental le prestara más atención –y dramatismo- al proceso separatista crimeo –en el que apenas hubo víctimas mortales- que la actualidad de casi guerra civil en el este del país, en las regiónes de Járkov Lugansk y Donetsk. Para Occidente parece que es más preocupante el que existan movimientos separatistas o independentistas que haya operaciones militares orquestadas por un gobierno -no completamente legítimo ni democrático- contra la población civil de una minoría étnico-lingüística bajo la mediocre justificación del terrorismo. O que no se condenen, por otro lado, las acciones realmente terroristas de grupos de una extrema derecha ultranacionalista descontrolada y en cierto sentido tolerada. Extrema derecha que, por cierto, fue causante de la mayor parte de los fallecidos –y no muertos accidentales como en algunos medios se pudo leer- en el reciente asalto e incendio a la Casa de los Sindicatos de Odesa, donde murieron cerca de 40 personas.

Y mientras Ucrania experimenta un cierto proceso de balcanización, los principales organismos internacionales, en su evidenciada impotencia, son incapaces de detener la escalada de violencia. Eso mientras que una Europa vergonzosa y torpe mira hacia otro lado, son querer reprochar en exceso al turbio gobierno pro-europeo de Kiev, potencial aliado en la expansión del mercado común y, de paso, del área de influencia y actuación de la OTAN.

Y hay quien dirá que la culpa de todo esto es de Rusia, porque, de hecho, en el simplista y mediocre maniqueísmo de los medios de comunicación al término de ruso o pro-ruso parece ya implicar un sinónimo de “corrupto”, “insurgente” o “terrorista”. Malvado, en definitiva. Mientras que los ucranianos pro-Kiev, del EuroMaidán son los “buenos” de esta historia, los agredidos por la Rusia neozarista, hecho parcialmente cierto. Juicio hipócrita cuando se utiliza al ejército contra una ciudadanía, si bien no pacífica, claramente asustada. Asustada ante la incertidumbre, los rumores, los actos de extremistas. Ucrania va camino del terror, de la violencia y parece ser que también la guerra. Una guerra que en el contexto de Europa avergüenza. No olvidemos a Ucrania como no olvidemos el resto de conflictos no resueltos.

Andy Eric Castillo Patton

Estudiante de Ciencias Políticas y Sociología y Humanidades. Forma parte de equipo de Harald Wartooth en http://haraldwartooth.es/

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