China, el país que despertó ante la realidad

Uno de los grandes pilares sobre los que se han basado los distintos Gobiernos chinos ha sido la seguridad ciudadana. Esta seguridad les ha permitido tanto congratularse ante el pueblo por ser el único garante de mantener la paz dentro del país como llevar a cargo numerosas políticas de represión contra todo aquel elemento que pudiera suponer una amenaza a la seguridad ciudadana.

China, un país superpoblado que abarca tanto a diversas regiones levantiscas como a numerosas minorías étnicas gobernadas por un gobierno compuesto en su totalidad por miembros de la etnia mayoritaria, ha sufrido durante los últimos años numerosos conflictos internos más o menos silenciados por las autoridades. A Occidente nos llegan de vez en cuando noticias de revueltas en regiones como Tibet y Xinjiang, las únicas provincias pobladas mayoritariamente por minorías étnicas; pero las noticias sobre estas revueltas suelen aparecer de manera muy diluida o ni siquiera llegar a oídos del gran público. Para ello, existe una fuerte censura acompañada por grandes campañas patrióticas periódicas.

Por «suerte» para las autoridades las revueltas y los atentados apenas habían salido hasta hace unos meses de dichas regiones, lo que vino a facilitar la labor de desinformación de los medios controlados por el Gobierno. Sin embargo, algo ha venido a cambiar esta situación: los grupos terroristas de Xinjiang, en su mayoría relacionados con movimientos yihadistas internacionales, han salido de su provincia de origen y han cometido atentados en otras regiones del país, asesinando en menos de un mes a casi 50 personas en dos ataques.

En este caso, las redes sociales junto a la magnitud de los ataques, ha hecho que la noticia se propagase de manera inmediata. Y el efecto ha sido inmediato: muchos chinos se han despertado ante una realidad en la que los ataques terroristas no suceden en otros países o en remotas provincias, sino en sus estaciones de tren y mercados. A todo ello se ha sumado la misteriosa desaparición del avión de Malaysian Airlines, lo que ha ayudado a aumentar la histeria colectiva. Las estaciones de tren, las universidades y muchos lugares públicos están experimentando una mayor presencia policial; muchos chinos están evitando, en la medida de lo posible, estar en los lugares más susceptibles y han cancelado viajes en tren por miedo a sufrir un ataque.

Pero esta situación, si se prolongase, ¿hasta dónde podría llegar? Dado que estos grupos están, en parte, apoyados por grupos islamistas extranjeros, ¿romperá China su política de no intromisión en asuntos internos de otros países para castigar estos atentados? Y, sobre todo, ¿hasta qué punto afectará al día a día de los chinos?