¡Con lo fácil que era todo!

Cuando vives fuera de casa, te das cuenta de lo fácil y bonito que era todo cuando tu madre o tu padre te planchaba la ropa o cuando volvías de estudiar en la biblioteca a las tantas y la cena estaba hecha. Suena como si fuéramos todos unos niños mimados y consentidos que no hacen nada en casa pero, ¿a quién no se le han saltado las lágrimas a las 3 de la tarde recién levantado, después de salir de fiesta cuando ha visto el platazo de canelones que le ha preparado su madre? A mí sí.

Y es que, cuanto más tiempo paso fuera de casa, más me doy cuenta de todo lo que hacían mis padres que me parecía de lo más normal, lleva mucho más trabajo de lo que pensaba.

Poniendo a parte el tema de que en Burdeos es imposible poner una lavadora sin perder una tarde entera y de que no me he planchado una sola camiseta desde hace 2 años y medio, el simple hecho de tener que lavar, secar (planchar si eso), doblar la ropa y ordenarla es una tarea que no le deseo a nadie.

Otra cosa, pensar y elaborar lo que quieres comer todos los días. El acento en pensar, que parece fácil, pero ponte a hacer un cocido o unas lentejas. Piensa y, encima, piensa fácil. Y que esté comestible. Buena suerte. Sin mencionar que antes tienes que comprar todo lo que te hace falta (menos el jamón, el chorizo y la morcilla, que de eso por tierras desconocidas no hay), saber cómo hacerlo y tener entre 30 y 60 minutos libres. Para que encima se te acabe en los 10 minutos que tardas en comértelo. Con lo bonito que es abrir la nevera de tu casa y poder elegir entre las sobras de la semana. Sobras, que bonita palabra.

Y por último, y lo peor de todo, cuando estás enfermo. Estar en la cama, con 40 de fiebre, queriéndote morir y que no haya nadie que entre con una sopita calentita y que te cuide, se echa MUCHO de menos.

En conclusión, tenemos que aprender a apreciar lo que hacen por nosotros nuestros padres mientras vivimos en casa y agradecérselo más a menudo de lo que seguramente lo hagamos la mayoría de nosotros. Y para todos los que estamos exiliados, ¡queda sólo un mes para los canelones de mamá!

Marina Gago
Estudiante de Ingenieria Eléctrica
y Administracion de Empresas
Burdeos