Cortinas de humo

China se está convirtiendo en la campeona mundial en muchos aspectos: población, macro-ciudades, contaminación, economía, grandes murallas y un largo etcétera. Y en territorios reclamados no se iba a ser menos. Menos con Rusia y Mongolia tiene disputas territoriales con prácticamente todos sus vecinos: Las dos Coreas, Japón, Taiwán, Vietnam, Bhután, Filipinas, Malasia, Brunei e Indonesia. Y eso que aún no ha reclamado su porción en la Antártida. Salvo los territorios reclamados a India, Bhután y Corea del Norte, todas las disputas con sus vecinos se deben a territorios marítimos, en su mayoría islas deshabitadas.

Uno de los casos más destacables, aunque no el más conocido por la escasa oposición que está recibiendo, es su expansión por el Mar de la China, donde está reclamando la extensa superficie oceánica que va desde el sur de China hasta Brunei, y enmarcado por Vietnam al Oeste y Filipinas al Este. Todos los países con los que se disputa este territorio, todos con escaso poder militar y en su mayoría dependientes del comercio con el poderoso vecino, tienen pocas posibilidades de oposición efectiva.

Sin embargo, el caso más conocido y que en los últimos dos años ha estado salpicando las noticias de todo el planeta es el de las islas Senkaku/Diaoyu (Senkaku según los japoneses y Diaoyu según los chinos). Estas islas, que todas juntas no llegan ni a la mitad del tamaño de la isla de la Cabrera y, obviamente deshabitadas se encuentran a mitad camino entre Taiwán y Okinawa, la prefectura más sureña del conjunto de islas que forman Japón. La dinastía china de los Ming las reclamó ya en el siglo XIV, pero desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta 1940 estuvieron bajo control japonés. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos administró las islas hasta 1972, cuando se las devolvió a Japón junto con el archipiélago de Okinawa. De esta forma, aparentemente no debería haber ningún conflicto, puesto que las islas fueron oficialmente ofrecidas a Japón.
Pero el asunto no es tan sencillo. China, que como hemos visto, se encuentra inmersa en una lenta pero efectiva expansión marítima alegando documentos antiguos, reclama esas islas que considera ilegalmente requisadas. Pero, ¿de donde viene el interés por unas islas en las cuáles la única actividad comercial realizada hasta la fecha fue la recogida de guano de las gaviotas para uso agrícola? Se cree que en sus aguas puede haber recursos energéticos. Unas prospecciones en los años setenta determinaron la posibilidad de la existencia de bolsas de hidrocarburos y eso despertó el interés de las tres naciones entre las cuales se encuentra. Y digo tres porque el conflicto tiene en parte su punto divertido: Japón las reclama (y las administra de facto) como parte su prefectura de Okinawa, China las reclama como parte de su territorio, pero pertenecientes a Taiwán, isla que considera como una de sus provincias y Taiwán las reclama para sí, pero como país independiente de la China continental. Por lo tanto, para China no es sólo cuestión de reclamar ese pequeño archipiélago, sino que involucra su lucha por la reincorporación de Taiwán al territorio Chino.
Aparte de todos estos asuntos de geopolítica internacional, para el gobierno chino estas islas tienen una gran utilidad en su política interna. Aunque ya son muchos los años que lleva reclamando su derecho a controlar el archipiélago, este conflicto suele estallar en momentos clave para el país, como la agitación popular por la corrupción política, el descontento con la economía, los momentos de bajo espíritu nacional, etcétera. Es decir, cuando necesitan desviar la atención de los ciudadanos de otros aspectos que les afectan más directamente o cuando requieren exacerbar el espíritu nacionalista. Y es que hace aproximadamente un año que China, estando inmersa en los escándalos de corrupción política (como el de Bo Xilai), cambios en la cúpula del Partido y la elección de un nuevo presidente, necesitaba urgentemente que el pueblo, haciendo aflorar su orgullo nacional, no pensase en absoluto en asuntos como la ausencia de democracia en el país o la impunidad de los políticos y sólo saliese a las calles a gritar proclamas contra Japón por quitarles unas rocas.
¿Os imagináis que en España pasase eso? ¿Que el gobierno sacase a la luz temas como la disputa por Gibraltar cada vez que la economía y la política fuesen mal para desviar nuestra atención?
Nacho García Dapena
Estudiante de Interpretación y Traducción 
Madrid