Crispación política y libertad de expresión

La libertad de expresión del individuo está reconocida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en Tratados Internacionales y en la gran mayoría de constituciones de los países democráticos. El objetivo es garantizar que todos puedan expresar libremente sus opiniones y no ser reprimidos por ello. Esto obviamente no siempre ha sido una realidad y hay sobrados ejemplos de ello en el pasado y por desgracia también en la actualidad en distintos lugares del mundo.

El concepto de libertad de expresión ha sido entendido de diferentes maneras a lo largo del tiempo. En la actualidad, cierta gente considera que la libertad de expresión implica poder decir lo que uno quiera y cuando quiera sin límite alguno. Y ello naturalmente ha dado lugar a numerosas polémicas y debates en la sociedad.

En los últimos años hemos estado viendo como el clima político en España se iba crispando cada vez más y como poco a poco resultaba más complicado debatir razonablemente y con argumentos sobre ciertos temas. La razón y la moderación han sido sustituidas por el insulto, la descalificación personal y el radicalismo. Se puede ver en debates televisivos, artículos de prensa, en las redes sociales o en discusiones de gente corriente. Tristemente se ha convertido en algo cotidiano en la actualidad y esto supone un serio problema para una sociedad ya que le impide avanzar hacia una mejor convivencia.

En el mundo universitario es frecuente ver a ciertos grupos reventar conferencias, arrancar carteles e insultar a la gente que opine diferente a ellos. Algunas veces incluso ha llegado a haber hasta agresiones. En muchas ocasiones estos grupos utilizan el pretexto de que el fondo de lo que defienden es justo, y con eso parece que entonces tienen legitimidad para hacer lo que quieran e impedir expresarse a los demás. Con ello están negando a otros los derechos que dicen estar defendiendo. Es una forma peculiar de entender la libertad de expresión ya que si uno mismo no es capaz de respetarla, difícilmente va a poder exigir a otros luego que lo hagan. Si no se es capaz de atenerse a unas reglas básicas comunes para todos, se irá por el mal camino.

Como se ve la libertad de expresión ha suscitado muchos problemas a lo largo del tiempo y es muy difícil que todos la respeten y la entiendan de la misma manera. En países como Alemania o Canadá por ejemplo, la negación del holocausto nazi es castigada con varios años de cárcel. En teocracias como Irán o Arabia Saudí, donde la religión es la ley, criticarla puede llegar a suponer hasta una condena a muerte por considerarse un crimen contra el Estado.

Estaría bien que todos empezasen por respetar las distintas opiniones de los demás y su derecho a expresarlas y entender que la mejor forma de avanzar es poder discutir libremente sobre todos los asuntos argumentando y respetando al contrario, que aunque pueda parecer un tópico o una obviedad, está a la vista de todos que estamos aún bastante lejos de conseguir eso.

Como decía el gran filósofo francés Voltaire: “No comparto en absoluto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarlo.”

 

Fernando Gómez
Estudiante de Derecho
Berlín