DISFRUTAR ARCO: ESE MITO

La semana pasada estaba en casa y me escribió una amiga (ya no se estila lo de llamar por teléfono) para preguntarme si me apetecería ir a ARCO ese fin de semana. Llevaba queriendo visitar ARCO desde hacía varios años, pero por unas razones u otras no había conseguido ir ninguno, así que accedí encantada. Tan pronto como colgué el teléfono (ah no, perdón, que hemos quedado que eso no se lleva), abrí el ordenador y me puse a hacer algo de research sobre la feria. “A ver qué opinan los entendidos” me dije, esperando encontrar críticos deshechos en alabanzas ante tan suntuosa concentración de arte contemporáneo.

Sin embargo, para mi sorpresa, según avanzaba mi búsqueda mi inquietud iba en aumento. Los artículos que leía eran una mezcla de indignación y desprecio, todos ellos poblados de mordaces comentarios que no se olvidaban de mencionar la tan recurrente crisis económica, que hoy en día sirve como argumento para sustentar casi cualquier opinión. Intentando resumirlos venían a decir algo así como “ARCO es un circo de hipsters arremolinados en torno a carísimas piezas de basura, asintiendo con aparente aprobación”. Bueno, quizás haya exagerado un poco, pero os prometo que la impresión general que me llevé de las diversas críticas no distaba tanto de lo que acabo de decir. Incluso llegué a leer, y cito literalmente, que “A Arco, como a cualquier lugar de moda, va uno a ver y a dejarse ver. Va uno a demostrar que, pese a la crisis, sigue pudiendo pagar la entrada o ha conseguido que alguien le cuele para evitar tener que abonar los muchos euros que cuesta entrar al paraíso.” (Fuente)

A pesar de todo, en un alarde de cabezonería, decidí ir a ARCO y poder comprobar por mi misma si todas aquellas críticas eran tan así (por no calificarlas de ninguna manera). Y por eso precisamente estoy escribiendo estas líneas.

He venido a decir que me gustó ARCO (ya oigo los murmullos de asombro ante tan osada afirmación), y estos son mis comentarios:

Para empezar, la entrada para una estudiante de 20 años como yo cuesta 20€. Probablemente no se pueda calificar como “barato”, pero desde luego no es nada que no te vayas a gastar en una noche de fiesta en Madrid, y aún no he visto a nadie rasgarse las vestiduras por ello.

En segundo lugar, sí, hay hipsters, modernos y artistas, de variadas nacionalidades y edades. Aunque en la humilde opinión de esta “escritora”, lo raro hubiera sido encontrarse a jugadores de fútbol.

Por último, tengo que confesar que disfruté bastante paseando entre la multitud de piezas expuestas. Había fotografías, pinturas, esculturas, vídeos, espejos, neones, “arte cinético” (como decidimos calificarlo nosotros) y muchas otras cosas (a las cuales ya no me atrevo a etiquetar). Supongo que, como a cualquier otro visitante de la feria, hubo cosas que me encantaron y otras que no hubiera puesto en mi salón ni por todo el oro del mundo. Sin embargo, considero que el hecho de que no me gustaran a mí no quiere decir que tengan menos valor artístico que el resto. Creo que el arte debe ser considerado como tal en la medida que es capaz de inspirar y despertar en un individuo emociones y sensaciones, más que depender de si es o no acorde a nuestro gusto. Quizás las que yo taché de “feas” son consideradas dentro de unos años como las obras más importantes del arte del siglo XXI, quien sabe… A colación de esto puedo poner como ejemplo el Saturno devorando a un hijo del maestro Goya, que personalmente me sigue disgustando bastante y no por ello deja de ser arte, supongo.

En definitiva, tan sólo quería dejar una pequeña apreciación en favor de ARCO (y del arte contemporáneo), y a la vez en contra de esta incipiente moda de criticarlo todo aunque no se sepa bien ni por qué.

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