El Conflicto Medioambiental

El crecimiento del nivel del mar, el efecto invernadero… Cada día nos vemos obligados a recordar más el medio ambiente como nuevo (o quizás no tan nuevo) problema de la sociedad internacional ya que todos los Estados están involucrados o por lo menos se ven afectados por sus consecuencias en mayor o menor medida.

Nos topamos con un problema poco nombrado por los políticos, por la tarea moral que eso conllevaría: Mientras no admitan que hay una crisis medioambiental, no tendrán que realizar los grandes cambios que son necesarios para frenarlos y estarán libres de la carga de responsabilidad.

Nuestro crecimiento económico implica un enorme aumento del uso de los recursos del medio ambiente de la mano de mayores emisiones de dióxido de carbono, por lo tanto es un crecimiento insostenible. Más allá del problema evidente, está el conflicto  ecológico distributivo. Porque lo paradójico es que en la actualidad, los países menos emisores son los que comienzan a sufrir más gravemente el cambio climático y los efectos de la explotación de recursos.

Como dice Joan Martínez Alier en su obra “El ecologismo de los pobres – Conflictos ambientales y lenguajes de valoración”:

“Cuando los problemas son reales, aplicar el principio de avestruz (en vez del principio de precaución) solo produce un alivio temporal. […] Sin embargo el inexorable choque entre economía y medio ambiente no puede ser permanentemente silenciado por las esperanzas socialmente construidas de una desmaterialización angelical.”

Es a partir de este pensamiento del que surge la Ecología Política que contempla los ya mencionados conflictos ecológicos distributivos e irá creciendo en los próximos años por su inevitable necesidad. La necesidad de cambios en las actitudes y en las formas de llevar nuestra economía. Porque tarde o temprano las secuelas de este comportamiento afectarán al planeta en su totalidad indiscriminadamente.

Por otro lado, el movimiento por la justicia ambiental afirma que las actuaciones de los países más emisores peligros que se concentran en barrios pobres y de minorías raciales. En otras palabras, los menos consumidores son los primeros en sufrir las consecuencias de este sistema insostenible creado por aquellos que evitan hablar del problema para no  tener que cambiar sus políticas.

Solo nos queda una opción: echar el freno. Debemos  concienciarnos sobre la velocísima sobrepoblación por la que está sufriendo nuestro planeta. Son necesarias profundas reformas en el ámbito de la tecnología. Un cambio en la producción y reciclaje de tecnología y otro en las costumbres de los consumidores.

Sin embargo por ahora la sociedad internacional se está quedando paralizada ante el problema ignorándolo, dejándolo para las generaciones venideras para no tener que cargar con la responsabilidad de cambiar un sistema completo para conseguir salvar miles de vidas antes de que acontezcan más catástrofes medioambientales.

Los científicos están de acuerdo en que se puede encontrar un equilibrio entre economía y ecología. Es necesario comenzar con los cambios ya para frenar este aumento constante de emisiones de dióxido de carbono y otro tipo violaciones al medio ambiente.

Esther Pomareta Fernández
Fundadora de “El Precursor”
Estudiante de Ciencias Políticas
Madrid