El Niño (**1/2)

 

Ira, quillo, mi mirá acecina

Como coja al primer gracioso al que se le ocurrió comparar aunque fuese remotamente a esta película con la gloriosa The Wire… no creo que le dé un guantazo porque soy una persona pacífica, pero por lo menos un vaso de agua en la cara sí se llevaba.

No es ningún secreto y se ha repetido hasta el hartazgo, especialmente en referencia a El Niño, el blockbuster patrio de este verano pasado, pero los españoles tenemos una tendencia muy insana y peligrosa hacia la endofobia (si es que esa palabra existe siquiera). La mayoría (incluido nuestro queridísimo Ministro de Hacienda) no duda en subvalorar todas las películas españolas, a meterlas en el mismo saco y a tenerlas en menos consideración por el hecho de provenir de un país con menos industria, con fama de destape gratuito, de actores gangosos y guiones de papel higiénico. Curiosamente, sucede a la vez un fenómeno contradictorio: cuando nuestro cine tiene cierta presencia, presupuesto, estrellas y, mal que se diga, “se parece un poco más al de USA“, se invierte completamente la tendencia: o sea, la peña se hincha a sobrevalorarla, cual victoria futbolística que de buen seguro sacará al país de la precariedad, pero ese es otro tema. Desvarío.

El principio de cualquier chiste de bares

Tras este topicazo de párrafo, que me parece, no obstante, necesario para empezar a hablar del narcothriller español “por excelencia”, paso a lo que vamos y lo que han opinado casi todos mis conocidos con algo de sentido común: El Niño es una película normalita, apañada, decente, llámenlo X, pero de ningún modo una obra maestra, una gran película o en lo más mínimo equiparable a una de las mejores series de televisión de la historia. Ni es innovadora, ni está dirigida con especial arte (aunque sí pulso y corrección) ni tiene escenas para el recuerdo. La gente habla de la persecución nocturna entre la lancha motora y el helicóptero policial como una de las mejores escenas de acción de nuestro cine. Pues muy bien. También es cierto que el director Daniel Monzón es como Paul Greengrass, sólo que sí conoce el significado de la palabra “trípode”.

Y es que el problema radica en la comparación. Es una constante aquello de más presupuesto, menos ideas (y más cercanía al jardín del vecino). Si algo de excelencia hay en El Niño, es el perfecto mimetismo de los filmes de acción americanos. Si se mutea la película, no se encontraría ningún mínimo detalle que pudiera diferenciarla de una cinta como, por ejemplo, Capitán Phillips con cocaína y sin piratas somalíes. Pero, de repente, lo que al otro lado del Atlántico nos da más bien igual, ahora nos sorprende y nos parece estupendo y rompedor.

El Hombre (Luis Tosar)

Ahí tienes todas las partes que estás acostumbrado a ver: la policía dándole vueltas al caso, el romance obligatorio (y absolutamente prescindible en todo caso), el protagonista firme con su amigo idiota, el gran capo al que no se tiene que joder pero aun así se le jode, las persecuciones de carretera, los rehenes… Todo maquetado y preparado para que no tenga ni rastro de novedad, no vaya a ser que parezca más española que norteamericana. Resultado: un producto muy entretenido, saludable y —si esto fuera el país con el que me estoy poniendo tan pesado— sin pretensiones.

Luis Tosar, por cierto, sigue siendo ese hombre que no podría actuar mal ni aunque quisiera. Por otra parte, en un mundo justo, ni siquiera se habría planteado la posibilidad de nominar al “mil caras” (sarcasmo, sarcasmo, sarcasmo) Jesús Castro a Mejor Actor Revelación. Pero, claro, son las cosas del marketing, ¿verdad? Como gane contra David Verdaguer, van a llover más que vasos de agua.

NOTA: **1/2 de 5

CALIFICACIÓN: McDONALD’S