El populismo o la construcción de lo político

“Un fantasma recorre Europa”: el fantasma del populismo.

Hace ya cuatro años que me fui de España para estudiar en Alemania. Desde entonces muchas cosas han cambiado, en diferentes ámbitos, en ambos países. La crisis ecónomica ha tenido su éco en el espectro social y político.

Diferentes sectores sociales afectados por el paro, los desahucios, los recortes sociales. Decepcionados por unos políticos que no son capaces de responder a sus necesidades, buscan nuevas soluciones.

Un fantasma recorre Europa, las palabras que Marx y Engels, escribieron en un Manifiesto Comunista, en la Europa convulsa y revolucionaria de 1948, vuelven hoy a tener sentido.

Ese fantasma aparece ahora nuevamente, no solo en España o en Alemania, en toda Europa. Este antiguo espectro amenazador e inquietante renace de nuevo y la Europa de 2014 se empeña en observarle y combatirle.

Pero hoy ese espectro tiene un nuevo nombre, es el denostado populismo que perturba el orden de los poderes establecidos de la Europa política de Bruselas. Mejor dicho, de la económica que se fragua en Frankfurt o en Londres. Este populismo no tiene color ideológico, no es azul, ni negro, ni rojo, es de derechas y también de izquierdas, pueder ser xenófobo y puede ser enormemente multicultural y social. Puede ser la ilusión de unos pocos anclados en un pasado racista y oscuro en Europa, pero es también la ilusión de muchos ciudadanos que han perdido su casa y su trabajo.

Pero, este fantasma fundamentalmente es un gran peligro para, aquellos que , asentados en sus ideas, no reconocen que vivimos en una democracia herida que se encuentra en crisis.

Hasta hace unas semanas de alguna forma yo también pensaba así. La palabra populismo siempre había tenido una connotación muy negativa para mi. Dada mi juventud, no es sorprendente que ello me asustara, si tenemos en cuenta que bajo el manto del populismos se encuentras partidos y movimientos como la Front National en Francia o la AfD en Alemania.

Pensaba así, hasta que en una charla con un compañero sobre el nuevo partido político español Podemos, me di cuenta que mientras yo eufóricamente defendía todas las ideas de democracia participativa, de nacionalización de los bancos, de desprivatización del sector público que se encuentran en el programa electroral de Podemos. Él me tachaba de populista por defenderlas. Yo me indigné, claro está por ello. La palabra populista, resonó en mi muy peyorativamente.

Después refexioné, claro está sobre ello. Pensé entonces, si no sería cierto que haya connotaciones populistas en la ideología de Podemos, y me pusé a investigar, si estas tendencias populistas son siempre negativas.

Entonces, empezé a buscar definiciones y teorías sobre el populismo. Consulté diferentes investigadores y extraje, de ello diferentes ideas que aclararon mis dudas sobre el concepto: “populismo”. En primer lugar, me di cuenta de que una característica persistente en la literatura sobre el populismo es la dificultad de dar un significado concreto al concepto. En segundo lugar, al populismo se le atribuye sistemáticamente una connotación negativa y está tradicionalmente estigmatizado por la carga emocional que conlleva. Sin embargo, si observamos la historia del populismo, nos damos cuenta de que no siempre fue así. El populismo puede presumir de una larga historia social e intelectual.

Los primeros movimientos demoniados populistas datan del S XIX: por ejemplo el movimiento de los agricultores en EE.UU, que creo The Peoples Party, o el movimiento de intelectuales rusos narodniki, ambos de carácter liberal.

Así mismo fueron movimientos populistas los que aparecieron durante la época del fascismo como tercera fuerza de oposición.

No obstante, si bien el populismo es uno de los términos más polivalentes e imprecisos de la ciencia política y coloquialmente suele incluir una carga negativa que complica su caracterización, es un fenómeno bien real.

Después, leyendo y releyendo artículos y definiciones me choqué con un teórico argentino, Ernesto Laclau. Me impregné de sus ideas y me sentí reconfortada con sus definiciones concisas y analíticas sobre el populismo. Plantea, que no se puede definir al populismo como un fenómeno anormal e accidental sino como una lógica social, núcleo de la estructuras sociales.

Para Laclau el Populismo tiene tres características, que paso a señalar brevemente:

Primera, cuando en una sociedad existen muchas demandas, estas demandas individuales de cada ciudadano son aceptadas por los demás ciudadanos y así se crea una cadena equivalencias entre todas las demandas.

Segunda, estas demandas equivalenciales se transforman en un discurso que separa a la sociedad en dos polos: las clase popular y la élite governante.

Tercera, esta cadena se totaliza y obtiene una operación hegemonica. Por ejemplo mediante la figura de un lider o la institucionalización.

Concluyendo, quiero decir que sin intentar analizar a fondo estas características , la sensación que a primera vista me producen es que son aplicables a la ideología política y al efecto social de Podemos. Pero, está claro que también esas características son aplicables a otros partidos políticos, citados anteriormente, que defiende peligrosas ya antiguas ideas que recuerdan a un pasado nazi y fascista. Y ello, por, parafraseando a Laclau, que el populismo es la expresión de una realidad social, la creación de lo político. La misma realidad social de políticas neoliberales que tienen como objetivo acabar por completo con los lanzos unitarios y revolucionarios que sostienen nuestra sociedad y que en su día fueron abanderadas por Margaret Thatcher quién llegó a decir: “There is no such thing as a society”. 

Estas politicas que llevan día a día a la pobreza a más millones de personas. Puestas en marcha por partidos políticos que tienen como denominador común la corrupción, la xenofobia y la discriminación. Estas políticas, fruto de un sístema en el que los que toman las decisiones son órganos no votados por los ciudadanos, un sistema en estado de una crísis democrática profunda que lleva a los ciudadanos a la desesperación.

Por eso, ahora me doy cuenta que no me importa, que si populista es defender y luchar por un mundo más justo, por una sociedad cohesionada y equitativa, por un colectivo de ciudadanos libres, no me importa ser populista.

Johanna Schafgans

Estudiante de ciencia políticas en Frankfurt.

3 Comments

Jan Bernert

Querida Johanna,
magnífico ensayo con toda una variedad de argumentos bien fundados. No puedo estar más de acuerdo con tu análisis llegando a la conclusión que sí se puede aplicar con toda razón el término “populismo” a lo que es y representa Podemos. Siento decir, por otra parte que no llego a la mismo conclusión después del analises que haces.
1. No tendría tanta confianza en un “post-marxista” (el recién fallecido) Ernesto Laclau, que no puede ni quiere dejar atrás a Marx – más allá de un interés histórico – y con eso siempre vuelve a cometer el mismo error que cada utopista no puede evitar: Considerarse infallible en su analises por haber encontrado el mecanismo o la ley según la cual funciona la historia o el progreso. Pero eso – ya lo sabes – te dice alguien que piensa como Karl Popper …
2. Es cierto que el término “populismo” es difícil de definir, sobre todo porque – como bien dices –se encuentra en los dos formas del totalitarismo, en el fascismo y en el comunismo-anarquismo, un hecho que – por “culpa” de haber leido a Hannah Arendt – debería hacernos muy sospechosos ante cualquier populismo – por muy “atractivo” que suene su mensaje.
3. El populismo es un fenómeno, un síntoma de una situación social-económico-político, pero nunca puede ser la solución para solver los problemas de dicha situación.
4. Cada intento de definir el fenómeno del populismo debe incluir el termino de la demogógia – sobre todo para la gente de “El Precursor”, que – como decís – son “personas que creen en la información, en la información real, de calidad.”
5. “Per definitionem” la demagogía es una forma de acción política en la que existe un claro interés de agradar a las masas, incluyendo ideologías radicales, concesiones, halagos y promesas que muy probablemente no se van a realizar … eso ya huele a Podemos … . Para Aristóteles la demagogía esta estréchamente relacionada con la democracia. La democracia por sí misma está reconocido por Aristoteles como la mejor de las tres formas del estado (con algún matíz, cierto). La demagogía, en cambio es la degradación o corrupción de una democracia radical y directa y consiste en ser una estrategia utilizada para alcanzar el poder político … huele cada vez más a Podemos … Esta estragegia se lleva a cabo mediante apelaciones a prejuicios (no quiero escuchar más la palabra “casta” – sobre todo porque ya forman parte de ella …), emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica y la propaganda …. (más sobre Aristoteles – ya sabes – en http://diepaideia.blogspot.com/2012/10/aristoteles-und-die-demagogen.html). En todo caso la demagogía forma parte de la democracia radical y directa (o más bien la ilusión de la misma) y – en eso hay consuelo – será el garante de su propio fracaso.
6. No me creo el concepto de la democracia directa. Para empezar: La libertad y los correspondientes derechos fundamentales para expresarla incluyen – como no puede ser de otra forma – la crítica al poder de turno, a los abusos de poder y cualquier injusticia que sale a la luz. Recuerda Popper diciendo: Lo importante es luchar contra la ignorancia y para resolver los problemas concretas de la gente. Pero estoy de acuerdo con Richard Herzinger (http://diepaideia.blogspot.com/2013/07/richard-herzinger-und-die-illusion.html), que ve en las formas de una democracia directa los restos de ideas autoritarias premodernas de una `Volksgemeinschaft´ – como si “el pueblo” por su simple condición de ser “pueblo” ya sabe todo… – en eso sí están de acuerdo los populismos de la derecha y de la izquierda. El problema es: La sustitución de las instituciones por personas, que no son de “la casta” no aumenta automáticamente la transparencia entre el poder y lo que se llama “lo publico” (para eso mira lo que pasó con el 15-M) – que según Arendt es el único espacio del “político”. Como no existe “la voluntad del pueblo” (“el” pueblo es mucho más complicado y diversa que se puede imaginar), las instituciones son necesarias para crear espacios públicos en que los intereses individuales y opiniones subjetivas puedan encontrarse – sin matarse.
7. Ahora bien: Soy partidiario de un sistema federal, de la subsidiaridad y del Non-Centralismo (pronto van a salir en Paideia los resultados de mis lecturas …). Necesitamos nuevas formas plebicitarias (no los que proponen los nacionalistas – por Dios!). Pero no nos engañemos – cambiar o acelerar las vias de tomar decisiónes no significa automáticamente mejorarlas. ¿Realmente queremos “votar” através de las Redes Sociales p.e. …? –
8. En fin: A mí sí me importaría si me llamasen populista! No me gustaria nada … en absoluto! Yo sigo pensando en una sociedad abierta, liberal y humanista.

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RAE

Señores del periódico El Precursor:
De cuando en cuando leo alguno de sus artículos y en estos instantes me hallo un poco confuso. Veo en esta entrada faltas que el mismo Word te corrige, comas puestas sin pensar, tildes aleatorias, oraciones excesivamente largas sin motivo alguno, etc. Creo que un periódico, por mucho que no tenga un excesivo recorrido, no puede permitirse el lujo de poner artículos que claramente no se han revisado después de escribirse. De ahora en adelante, aconsejo revisión. Deseándoos la mejor de las suertes, os mando un saludo.

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El Precursor

Estimado lector,
En El Precursor siempre se revisan los artículos pero queda claro debemos mejorar este aspecto. Muchas gracias por el interés y el consejo.

El Precursor

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