Esclavitud. ¿Anacronismo o realidad?

Tras ver ’12 años de esclavitud’, abandoné la sala con la desapacible certidumbre de que, dos siglos después de los hechos en torno a los que gira la película, el ser humano sigue empeñándose en generar horrores de la misma o mayor magnitud. Lógicamente, y casi a modo de consuelo, pensé que quien eche la vista hacia atrás dentro de cientos de años podrá constatar que afortunadamente la esclavitud fue abolida en el s.XIX. Lógicamente.

Pese a ello, y mientras seguía dándole vueltas a la película (cruda pero honesta, a mi juicio), no acabé de convencerme a mí mismo de lo anterior. Me acordé, entonces, del personaje de William Ford, el que fuera primer amo del protagonista (interpretado por Benedict Cumberbatch) y me embargó la sensación de que yo no era especialmente distinto a él. Este personaje representa sin género de dudas la capacidad del ser humano para mirar hacia otro lado, para escudarse bajo leyes y costumbres sin cuestionarse lo que éstas amparan; representa a toda esa ‘gente normal’ que sin provocar directamente daño alguno, comete un crimen atroz: la pasividad ante el horror.

Evoqué, entonces, las condiciones laborales de los trabajadores de Foxconn en China (empresa fabricante de iPhone, iPad, Kindle, PlayStation y Xbox 360, donde desde 2010 se han suicidado 20 personas), de las minas de Esmeralda en Colombia o de las plantaciones de té en la India. Recordé, también, los ‘niños soldado’ y la trata de blancas. Me vi como una ‘persona normal’, que vive sin que lo anterior haga especial mella en su día a día. Lógicamente, no obstante, seguí empecinado en hacerme ver que todos estos casos serían excepcionales si se comparasen con una época en la que la esclavitud gozaba de plena cobertura legal. Lógicamente.

Qué error.

Hoy por hoy se calcula que hay cerca de 30 millones de personas víctimas de la esclavitud a nivel mundial. Sí, esclavitud; de la que creíamos abolida desde el siglo XIX. En la actualidad existen definiciones de esclavitud en las Convenciones sobre la abolición del trabajo forzado y sobre la esclavitud, así como en el Protocolo de las Naciones Unidas sobre trata de personas. Grosso modo, se entiende por esclavitud “la posesión y el control de una persona de tal forma que se priva considerablemente a esa persona de su libertad individual, con la intención de explotarla a través de su uso, manejo, beneficio, transferencia o disposición. Por lo general, este ejercicio se logrará a través de medios tales como la violencia o las amenazas de violencia, el engaño o la coerción.”

La primera vez que confronté este dato, estimado por el Índice Mundial de Esclavitud 2013 (elaborado por la Fundación ‘Walk Free’), no pude creerlo. Como adelantaba al principio, sí era en cierta medida conocedor de la existencia de determinadas prácticas que por su brutalidad y desprecio por los Derechos Humanos vendrían a constituir una suerte de esclavitud moderna. Lo que no podía imaginar es que la esclavitud, en su versión más genuina, seguía latente con tanta fuerza en pleno siglo XXI. Tal vez en un exceso de ingenuidad, me costó asumir que efectivamente hoy en día 30 millones de personas son tratadas como mera mercancía, privadas de su inherente condición de ser humano, usadas, controladas y explotadas por otra persona.

Sin ánimo de exhaustividad, haré mención a una serie de datos que describen una realidad desoladora:

-       Hoy por hoy existen personas que nacen siendo esclavas. La esclavitud hereditaria sigue vigente en África Occidental y el sur de Asia, siendo Mauritania uno de los países donde más habitual es este tipo de prácticas.

-       Pese a que casi toda forma de esclavitud es ilegal, de acuerdo con el Departamento de Estado de los EEUU, de los 46.570 casos detectados en 2012 a nivel mundial, únicamente 4.750 acabaron siendo objeto de condena.

-       Los países con el mayor número de personas esclavizadas son India, China, Pakistán, Nigeria, Etiopía, Rusia, Tailandia, la República Democrática del Congo, Myanmar y Bangladesh (representando en su conjunto el 76% del total estimado de personas víctimas de esclavitud en el mundo).

-       Sin embargo, este dato no ha de llevar a engaño. Prácticamente ningún país está libre de esta sinrazón, por ejemplo se calcula que existen entre 4.200 y 4.600 personas en condiciones de esclavitud solo en el Reino Unido. Por no hablar de otros Estados Miembros de la Unión Europea (i.e. República Checa, Hungría, Bulgaría, Croacia o Polonia) que figuran en el Índice de países entre los puestos 51 a 61.

Un caso paradigmático, por ir más allá de los datos, es el de los miles de cortadores de caña haitianos, transportados ilegalmente y contra su voluntad a la República Dominicana, donde trabajan durante doce horas diarias, bajo condiciones penosas, por dos euros, hacinados en colonias carentes de atención sanitaria, agua o electricidad. Digo paradigmático por la indudable semejanza con las imágenes que tradicionalmente asociamos a la esclavitud. Este caso fue denunciado en 2012 por el misionero español Christopher Hartley, al descubrir lo que sucedía en las haciendas de los Fanjul (españoles) y de los Vicini (italianos). Cabe destacar para nuestro asombro, o no (visto lo visto), que los Fanjul son amigos íntimos de Don Juan Carlos y Doña Sofía, tal y como le confió esta última al misionero: “Somos amigos íntimos […] Nos quedamos en su casa cuando vamos a Miami”.

En mi opinión, seguimos incurriendo en el mismo error que en épocas anteriores. Seguimos, por unas razones o por otras, siendo justos herederos de personajes como William Ford, de algún modo ajenos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Puede que, a diferencia de él, nosotros no seamos insensibles a esta barbarie sino que, simplemente, nos creamos incapaces de cambiar nada de ésto. Que, no siendo directamente responsables, nos convenzamos de que compete a otros poner freno a todas estas situaciones que nos quedan “tan lejos”.

Lógicamente, no culparé a quien, dentro de doscientos años, eche la vista hacia atrás y se sorprenda al constatar que una institución tan arcaica y aberrante como la esclavitud aun gozaba de buena salud en nuestros días. Tampoco culparé a quien nos señale como culpables. Lógicamente.