España: crónica de una frustración anunciada

 

Los datos

En España no cabe la esperanza” es el titular que se podría enunciar a raíz de los datos demoscópicos publicados por el CIS en su barómetro de abril de 2015. Como varios medios del establishment se hacen eco el famoso debate sobre el bipartidismo toca fondo en cuanto a la intención del voto del pasado mes de abril. En caso de celebrarse elecciones generales en dicho mes el 49,9% de los votos vendrían a estar concentrados en PP y PSOE, con un 25,6% y 24,3% respectivamente. Mientras que otras formaciones como Podemos y Ciudadanos se quedarían con un 16,5% y 13,8% respectivamente del total de votos a emitir. ¿Son los datos del mes de abril un reflejo del desánimo?

Sin tener estimación directa sobre una proyección de la abstención en caso de producirse elecciones generales -dato de gran relevancia si nos sirve como indicador de la desafección- la inferencia establecida a partir de la opinión de la muestra ciudadana revela un síntoma crónico de la apatía como actitud social y política ampliamente generalizada. Si bien los dos grandes partidos que han formado gobierno a lo largo de la breve historia de la democracia liberal española permanecerían en cabeza en valoración de los propios encuestados, sus líderes no salen tan bien puntuados: Rajoy inspira “ninguna confianza” para el 56% de los encuestados mientras que Pedro Sánchez suscitaría “poca confianza” a un 45,3%. Datos que vendrían a plantear la hipótesis que podría expresar una valoración más en el aparato y marca de los partidos frente a los liderazgos. Así mismo un 57,4% de los encuestados valora positivamente el año cumplido de jefatura del Estado por parte de Felipe VI, la institución mejor valorada.

Respecto a las grandes preocupaciones de los españoles proyectadas a partir de la muestra el paro (55,7%), la corrupción y/o el fraude (18,3%), y los problemas de índole económico (7,8%) representarían los tres grandes problemas para los ciudadanos.

Podemos y Ciudadanos: la frontera psicológica del votante medio

El jaleo mediático de los últimos meses, primero con Podemos y más recientemente con Ciudadanos, crea una situación de doble velocidad en la intención de voto en las nuevas formaciones según la intensidad del foco mediático que recae sobre ellas. Podemos, al tratarse de un producto político con señalada fecha de caducidad es juguete mediático de fácil combustión, mientras que Ciudadanos estimula un vago interés inicial ante lo que es una carcasa o un chasis de interiores poco jugosos. Ambas formaciones, cuyo talento radica más bien en la movilización de los desmovilizados y la captación de los desencantados con la “vieja política”, parece que alcanzan en el presente barómetro del CIS su frontera de posibilidades electorales: el votante medio.

Según el modelo ecológico, aquella formación que más consiga acercarse al “centro” político -el cual es inexistente, la propia denominación centrista es sinónimo de posturas conservadoras- será la que obtenga un mayor rédito electoral debido a que la mayoría de los votantes tenderán a volcar su voto en la candidatura que ocupe dicho espacio. En el caso de Podemos y Ciudadanos esa parece la principal pugna como han podido revelar sus programas electorales de similar vertebración, si bien las 215 medidas de Podemos tienen de mayor acento en lo social. El hecho de que la formación haya caído en la intención de voto y que Ciudadanos pueda experimentar próximamente un estancamiento respecto a la misma -a pesar de su repunte reciente- se explica con la subida de intención del voto al PSOE, o más bien la fuga permanente de los indecisos “de centro”, demasiado conservadores para confiar lo justo en las nuevas formaciones pero también demasiado decepcionados para terminar siendo fieles al PSOE.

Es, en definitiva, el votante partidario de medidas socialdemócratas y liberales, pero posiblemente no ubicado ideológicamente o considerado a-ideológico, el que oscila entre PSOE, Podemos y Ciudadanos. Dicho esto, ¿el relevo tomado, el nicho formado por la Nueva Izquierda y la Nueva Derecha ha encontrado un obstáculo a su progresión?

La barrera generacional: alentador de la frustración

España es un país de viejos, de hecho es el país con la estructura poblacional más envejecida del mundo, por delante de Japón, según el informe ‘Estado de la Población Mundial 2014’ del Fondo de Población de las Naciones Unidades. Y según diversas proyecciones demográficas en el año 2050, las personas mayores de 65 años representarán más del 30% del total de la población en España, factor de gran relevancia en lo que implica una pérdida en cuanto al relevo generacional. Políticamente en la actualidad este puede ser un factor a tener en cuenta en tanto que el votante más avezado de edad, siguiendo una hipótesis en la cual el incremento en la edad hace del votante más proclive a buscar la estabilidad en su acción del voto, se traduzca en el refugio de votantes del PP y del PSOE, que a pesar de los múltiples y constantes escándalos de corrupción sigan optando por dichas formaciones que les garantizan una certidumbre que no les puede garantizar Podemos o Ciudadanos. Una expresión política del dicho popular “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

 11210234_924692657595745_916180740_nEspaña y el horizonte de la apatía: permisibilidad pasiva

El 27,6% de los encuestados en el barómetro del CIS no se identifican con ningún partido, lo que representa algo más de la cuarta parte. Factor a tener en cuenta si se pretende conformar gobierno teniendo presente que la cuarta parte de los ciudadanos con capacidad de voto no se van a sentir identificados con ninguna opción, aunque la puedan votar.

De modo similar, dicha desvinculación se ve reflejada en el caso del PSOE, sobre el cual únicamente un 5,8% de los encuestados expresan que el partido se halla en una actual situación “buena” o “muy buena”, lo cual revela en cierta medida un posible futuro efecto ‘underdog’ -emisión del voto por simpatía hacia las causas perdidas o por lástima- respecto a la intención del voto sobre dicha formación en declive.

Por último, un interesante ítem recogido en la encuesta sería aquel que recoge los distintos modos de participación social, así como su intensidad en el tiempo, que han podido realizar los encuestados. Si bien se encuentra una notoria distribución de actividades no deja de ser notorio que el activismo que alcanza cotas más altas de participación es el de la realización de una firma en una recogida de firmas. Hecho insignemente nimio si es comparado con otras categorías como la participación en huelgas o la realización de la protesta social por canales públicos -y no en la mesa de la cocina o del bar-. Una conclusión a este respecto sería en definitiva el componente desmovilizado de un importante sector de la ciudadanía, que si bien admite queja o emite un juicio negativo respecto a su situación actual (un 47,2% declara que su situación económica es “regular”, y un 60,1% cree que dentro de un año será igual) expresa cierto inmovilismo. Una pasividad que como previamente se citada es síntoma de una apatía cronificada en el cuerpo y mente de una mayoría social que, al fin y al cabo, su principal preocupación es el dinero como revelan dos de las tres grandes preocupaciones del barómetro. Por ello es alarmista la condición anulada, si acaso alienada, de conciencias acríticas, de cierta acritud e incluso hostilidad política, para las que toda opción política es nefasta e insuficiente. Si bien los seres humanos no son perfectos en sus actos, no se puede esperar de ellos como decían los constitucionalistas norteamericanos, “un gobierno de ángeles”.

 

Conclusiones

Dice el mito de Pandora que cuando todos los males salieron de la jarra que destapó la esposa de Epimeteo lo último que quedó en el contenedor, cuando fue nuevamente tapado, fue la esperanza. La esperanza en términos de actualidad política significaría una progresión hacia un cambio en los modos de hacer política en un país desgastado por la percepción de la corrupción así como la sangría de confrontaciones y decepciones de las que, en definitiva, las generaciones más jóvenes son herederas. Generaciones que ineludiblemente no han de ser responsables de la política del pasado, si acaso aprendices de sus errores para no repetirlos. Si ciertas teorías demográficas están en lo cierto la esperanza, en términos de evolución y crecimiento, de un territorio reside en el relevo generacional que se produce, así como de la presión demográfica que se ejerza desde la base de la pirámide población. Tal no es el caso español, en declive, y por ello exista una condena cíclica y viciosa hacia una serie de prácticas sociales atrapadas en la costumbre. Sin embargo, un cambio cultural puede acercarse en los tiempos venideros, en los que de una la conciencia dicotómica se desglosa en un abanico de posibilidades que planteen un hecho sin precedentes: la reflexión.

Por ello, y aparte de la susceptible desconfianza que se debe de tener hacia las encuestas pre-electorales (sino cabe citar el propio barómetro del CIS antes de las elecciones al Parlamento Europeo, que erró completamente en su proyección) y su “cocina”, que no deja de ser parte del entramado estatal, España presenta todavía un escenario de oportunidades frente a grandes incertidumbres y grandes desafíos. Disyuntivas que, al fin y al cabo, corresponden a la ciudadanía tomar una decisión responsable y consecuente. Responsable en cuanto a quién se otorga el ejercicio de poder público y consecuente en cuanto a evitar un incremento de dicha frustración y malestar, materiales de alta volatilidad.

Andy Eric Castillo Patton

Estudiante de Ciencias Políticas y Sociología y Humanidades. Forma parte de equipo de Harald Wartooth en http://haraldwartooth.es/

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