¿Fallo del capital o fallo del humano? Una reflexión acerca del incidente del vuelo Germanwings 4U9525 – GWI9525

De sobra conocida, la tragedia del Airbus 320 siniestrado el pasado lunes 23 de marzo en los Alpes franceses no deja de proporcionar día tras día un goteo incesante de detalles, noticias, informaciones ocultas, vídeos y fotogramas “impresionantes”. Una triste realidad cuya evidencia ha pasado de ser un caso más de desafortunado pilotaje aéreo a ser comidilla semanal de la parrilla mediática y sensacionalista en la que permanentemente nos hallamos insertados.

Tema conversacional que alcanza cada uno de los hogares y circuitos sociales, permitiendo toda clase de comentarios afortunados y desafortunados, pertinentes e impertinentes, la mayor parte de los mismos finalmente innecesarios a la fuerza de la oscuridad y naturaleza de los hechos. Hechos de un particular humano que no merece de tal exaltación ni show mediático, más propio de una cinta de Hollywood que de la vida real, en la que de repente no ocurren más cosas en el día a día.

Pero es avatar de los tiempos de la impaciencia y la inmediatez abrir la boca para escupir una opinión, reflexiva o no, sobre algo que quizás no merezca una opinión… nada más allá del respeto por la memoria y la salud mental de los más allegados a los fallecidos. Respeto solidario y humano del que tanto en tanto nos olvidamos, y más según la geografía y el color de la piel del sujeto humano del que estemos hablando, porque recordemos que para los medios de comunicación, altavoces de ese fantasma de la opinión pública, la vida de 2000 negros equivale a la de 17 blancos.

Sin embargo, la presente reflexión, forzada a ser emitida bajo la sombra de la creciente y obscena espectacularización de los profesionales de la información (manipulación) sobre el hecho en cuestión no pretende señalar sin más la doble moral de la condición etnocéntrica de Occidente, sino una vez más apelar al sosiego, a la reflexión y la debida crítica sobre quién decide el qué, cómo y cuándo pensamos lo que tenemos que pensar y sobre qué hablamos cuando hablamos entre nosotros.

Señal Avión El paradigma contemporáneo de la sociedad de información, con sus ventajas e inconvenientes, se une al carácter postmoderno -vacuidad, superficialidad, irracionalismo, etcétera- de los distintos imaginarios sociales de la presente era, reproducidos en las diversas manifestaciones de los canales de comunicación. El ejemplo que en esta ocasión atañe, un siniestro aéreo, es uno más de los miles de espectáculos monitorizados periódicamente, en el que más que proceder a una comunicación e información imparcial y objetiva de un suceso, se magnifica un acontecimiento aislado convirtiéndolo en cortometraje o miniserie emitido por fascículos o entregas diarias, en el que siempre hay un “bueno” o un “malo”, o para este caso un “culpable”. Un real-life show montado backwards -’hacia atrás’- que reconstruye y relata una historia de la que se exprime todo detalle y gota de sufrimiento, todo por el rentable negocio de la audiencia. Puede ser un avión siniestrado, un hombre decapitado en el desierto, un tsunami en una isla perdida del Pacífico o cualquier cosa que se les ocurra a las grandes agencias que es de merecido menester para que sea cantera temporal, balón de oxígeno o bolsa de transfusión sanguínea de su agotada existencia.

Una maquinaria inhumana, generadora de dardos de ideas nocivas que en el caso del 4U9525 se hace patente en cuanto a la disección pública e inmisericorde de la vida del ya estigmatizado y gran culpable del siniestro. Tachado de trastornado y responsable único, “pobre loco” y enajenado, delirante y otra serie de juicios y apelativos sobre un ser humano que antes del día 23 era prácticamente desconocido para gran parte del continente europeo. A.L. –que por respeto a su integridad y memoria no se reproducirá su ya tan sobado nombre – es un ejemplo más de carroña mediática: un Truman Burbank más del siglo XXI, solo que esta vez muerto. Un Truman del que ya se sabe absolutamente cada rasgo y detalle de su vida, como si exponerla a la luz pública fuera a hacer un bien mayor al mundo, como si realmente nos importara que tuviera cual o tal relación sentimental, que tuviera este o aquel estado emocional más allá del secreto de sumario de la pertinente investigación judicial y forense. El destape obsceno, con imágenes incluidas extraídas quién sabe cómo y de quién sabe dónde, evidencia la mente enferma de los grandes gestores de la información y la comunicación, no la del fallecido copiloto. Mentes glaucas que han visto su oportunidad de hacer tirada con cualquier recurso de un modo tal que el día de mañana será menos impactante el desnudo de la vida privada y la intimidad de cualquier otro sujeto humano. Si graves han sido los espionajes masivos de la NSA basados en fines de seguridad y defensa, más grave aún si cabe es el espionaje lucrativo de los mass media occidentales.

Una jauría ciega y acrítica que para casos como el del vuelo de Germanwings obvia la susceptible cadena de responsabilidades de todos los mandos, controladores y supervisores internos de la compañía y las autoridades aéreas. En la vida humana los hechos sociales no son ni monolíticos ni inequívocos, sino que están sujetos a múltiples interpretaciones y explicaciones debido a la multidimensionalidad social en la que nos movemos. Por ello achacar la culpa a un individuo – paradigma del pensamiento individualista contemporáneo neoliberal – frente a la responsabilidad corporativa es, primero, un ejercicio de simpleza y, segundo, representa picar en el anzuelo de una estrategia de desatención cuyo señuelo desvía la mirada sobre quien realmente se ha de posar: el sistema en su conjunto. Una crítica diluida en un juego de espejos en el cual cabe plantearse cuestiones más allá de la superficie. Cuestiones tales como la naturaleza del afamado síndrome burn-out del que tanto experto – y no experto – médico y psiquiátrico se ha hecho comentar de un modo tan superficial atendiendo nuevamente al individuo como causa primera y última. Sin embargo, atendiendo a razones reflexivas como las del pensador Byung-Chun Han el síndrome burn-out o ciertos síntomas de la depresión se podrían explicar explican en tanto a la vigencia del sistema capitalista y el modo de articulación de su pensamiento hegemónico, cuyos valores imperantes y mecanismos de dominación sobre las personas conllevan un permanente desastre humano en términos del sufrimiento psicológico implantado por la superestructura, como dirían los autores marxistas en referencia a la ideología.

Pantallazo PeriódicoPara finalizar tan dilatada reflexión, que merece disculpas por su posible tono, tema y extensión, presento un pantallazo de un conocido medio de comunicación, de supuesta seriedad y esmero, en el cual se puede observar el tono melodramático y morboso a los pocos días del suceso. Suceso que en estas semanas pasará por nuestras vidas como una anécdota más del miedo, en un contexto en el cual las instituciones públicas y las corporaciones privadas no hacen más que promoverlo, ya sea en el ámbito de la “guerra contra el terror” (cualquier día podemos ser atacados por peligrosos y descontrolados, en definitiva locos yihadistas) o en el ámbito de la seguridad aérea (como cierta cadena de cierto imperio mediático italiano que desde el día 23 no deja de emitir cada fallo aéreo que ha ocurrido en cualquier lugar del mundo). Contexto en el cual, como siempre, el miedo es el mejor negocio para aseguradoras y empresas dedicadas a la seguridad, contexto en el que las personas quedan de lado sólo para ser estigmatizadas, chivos expiatorios de tragedias sociales, dramas humanos que no nos tienen que obligar a comentar con intención crítica, como tristemente me he visto forzado ante tal marea tóxica de teletitulares, telediarios y radiofonías. Dramas que obligatoriamente nos tienen que hacer plantear qué es lo que está pasando y qué es lo que realmente nos están comunicando en nuestras vidas.