¿Hacia dónde vamos? – La Pirámide de Maslow

Hace unos días, mientras leía el periódico, me llamó la atención un artículo en el que se mencionaba  la pirámide Maslow. No era la primera vez que escuchaba hablar de ella, pero sí la primera en la que me hizo reflexionar de verdad, detenerme por unos momentos e intentar comprender su significado.  La pirámide de Maslow es la representación gráfica de la teoría que elaboró el psicológo estadounidense Abraham Maslow y que explica la jerarquía de las necesidades humanas.

Como se puede ver en la foto la primera «preocupación» de una persona es cubrir sus necesidades fisiológicas (comida, bebida, descanso…). Después vienen las de seguridad, afiliación y reconocimiento hasta llegar, por último, a la autorrealización. Como podemos ver, las necesidades empiezan por lo más básico y culminan con lo más « espiritual». Normalmente a medida que se van satisfaciendo las necesidades que se encuentran en la base, se van generando nuevas, aunque también cabe la posibilidad de que una persona, por ejemplo, sienta la necesidad de reconocimiento sin haber satisfecho la de afiliación.

Pirámide de Maslow

Esta pirámide también explica cómo la sociedad ha ido evolucionando. Antes de la Revolución Industrial el objetivo principal era el de sobrevivir. Con esta revolución aumentaron los niveles de bienestar, por lo que se empezó a buscar otros objetivos (afiliación, amor…). Y ahora, en pleno siglo XXI, viviendo en la sociedad de la información y la comunicación, muchas personas ya tienen cubiertas todas las necesidades excepto la de autorrealización, y pueden dedicarse a satisfacerla.

Aunque no podemos olvidar que esta idea es etnocentrista. Cuando hablamos de estas personas que ya se encuentran en la cúspide, estamos omitiendo el hecho de que en muchos países de África o Asia esta situación no es todavía la dominante y nos encontramos, por tanto, con una situación de desigualdad: mientras que en el tercer mundo aún se lucha por cubrir las necesidades fisiólogicas y seguridad, en el primer mundo ya existen casos de personas que han llegado a lo más alto.

La pregunta que más ronda en mi cabeza es: ¿qué va a pasar ahora? Empezaremos dentro de unos años a tener una «generación frustrada», infeliz porque ya lo ha conseguido todo en la vida y no puede subir más? O, por el contrario, nos crearemos nuevas necesidades para poder seguir escalando?

Además de las posibles consecuencias psicológicas o espirituales, no podemos dejar de pensar en las consecuencias para la economía. Lo que esta teoría me da a entender es que la competencia por encontrar un empleo, por ejemplo, será mayor. Nuestras ya satisfechas necesidades básicas nos dejarán más tiempo para dedicarnos a nuestro «yo intelectual» por lo que podremos desarrollar la imaginación, creatividad, ampliar nuestros conocimientos… y, por supuesto, necesitaremos ocupaciones cuyo objetivo sea el mejor desarrollo de nuestra mente para alcanzar autorrealización.

Esta teoría, todavía usada hoy en día por expertos en ámbitos tan dispares como la psicología o la economía, tiene defensores y detractores. Entre los últimos, podemos encontrar a Wahba y a Bridwell, con su libro «Reconsiderando a Maslow». En él que explican que las necesidades son subjetivas, dependen de cada persona, y, además, que es posible alcanzar la plena satisfacción sin poseer elementos materiales.

Estén Maslow o sus detractores en lo cierto o no, hay una cosa de la que sí estamos seguros: todos, sin excepción, luchamos y seguiremos luchando para alcanzar, de una forma u otra, nuestra felicidad y satisfacción.

 Asunción Baena
Estudiante de Traducción e Interpretación
Madrid