Interstellar- ****

En 2010 llegó Origen a los cines y Christopher Nolan volvió a sacudir la taquilla con lo que podríamos bautizar otro blockbuster de autor: cine con aspectos comerciales para lograr una recaudación multimillonaria, pero con un estilo del arte y ensayo de directores más intimistas. El director ya había añadido previamente su toque personal a algunas de sus películas más taquilleras, destacando El Caballero Oscuro.

Cuatro años han pasado entre ese salto a las profundidades subconscientes de la mente para que surja la que ahora puede considerarse como su contraparte perfecta. Interstellar es el polo opuesto de Origen, la cual trataba la naturaleza de los sueños y su incidencia en nuestra personalidad. Con la nueva obra de Nolan contemplamos un viaje más allá de los límites físicos concebidos por el hombre, un periplo a través de una anomalía espacio-temporal en busca de la salvación de la raza humana. Origen retrataba una introspección como base para comprender nuestro ser consciente. Interstellar abre un camino de proyección externa que redescubre nuestro espíritu.

Este nuevo título está probablemente entre las mejores películas de ciencia-ficción de los últimos 20 años. Christopher Nolan orquesta toda la película con elementos más que reconocibles en casi toda su filmografía (la presencia de Hans Zimmer al mando de una banda sonora colosal, el siempre disfrutable Michael Caine en un papel secundario de peso, el toque de su hermano Jonathan en la creación de la historia…). Pero si bien no podemos decir que esta sea su mejor obra, sí que podemos decir que es la propuesta más grande y arriesgada que ha tenido entre manos.

El resultado es algo grandioso: escenas realmente sobrecogedoras, representaciones de alteraciones físicas aterradoras (fielmente adaptadas de las teorías de Kip Thorne) y un mensaje final con una filosofía que reivindica el motor de la misma ciencia. Y es que no es solamente una película sobre el mayor viaje que puede realizar el ser humano, sino también un canto a la fe como la sublimación del amor más poderoso que existe, un amor que se transmite de generación en generación, de padres a hijos. Imperecedero, inmortal, la fuerza primordial de Universo.

Pero el riesgo que conlleva este filme finalmente se cobra sus víctimas a lo largo del metraje. Una propuesta tan descomunal termina por contener algunos parones de ritmo narrativo y existen aspectos sin terminar de desarrollarse que lastran un poco el arranque de la película (de dónde vienen esas tormentas de polvo, el desarrollo para el personaje de Matt Damon…). Además, si bien el filme goza de un rico fondo científico que le da solidez, es este mismo fondo el que al final termina por hacer ciertos diálogos muy densos y complejos para el espectador medio. Este no es un problema que acabe por arruinar el sentido de la historia, pero lo que sí mancha un poco el resultado final es la obsesiva reiteración estadounidense de la conquista espacial y la salvación del mundo en un mensaje final que debería ser para toda la humanidad.

Los fans del género de ciencia-ficción encontrarán referencias de todo tipo, desde la reciente Gravity (que tenía el potencial de haber sido algo muchísimo mejor) hasta la lejana y legendaria 2001: Una odisea del espacio (película espacial emblema, por siempre). Los más atentos hasta podrían ver en los robots de la película cierto componente del R2-D2 de la saga Star Wars, unido a un recuerdo del mítico Hal-9000 de la Odisea de Kubrick. Los que sigan el cine de Nolan se darán cuenta de cómo Interstellar  se complementa con Origen y del asombroso resultado, pese a no ser su mejor obra, de lo que resulta ser lo más rompedor de la galería de obras de Christopher Nolan. Imprescindible.

CONCLUSIÓN

La escena: El acoplamiento giratorio.
El actor: Matthew McConaughey, perfecto líder del reparto.
La actriz: Anne Hathaway, como siempre estupenda.
Lo mejor: El trasfondo científico transformado en verdaderas maravillas para la pantalla como el agujero de gusano o Gargantúa, el agujero negro. El mensaje de amor familiar.
Lo peor: Su ritmo algo irregular, su densidad algo agobiante y su conclusión, menos universal de lo que debería ser.

Artículo original en la revista El Residencial: http://elresidencial.hol.es/cultura/interstellar/