“Jurassic World”: Las puertas se abren a un parque más grande, pero que emociona menos (*** de 5)

JW1Llego al cine con mi hermano (de doce años) y mi padre (de casi 50). Espero la cola de la taquilla, y digo “Tres entradas para Jurassic World”. Me siento en la butaca, y sacó las palomitas caseras que he colado, porque como para pagar las de allí. Y espero a que empiece, con cara de niño. Se apaga la luz, empieza la película, y a los dos minutos de cinta rompe el tema principal. Empiezo a golpear la pierna de mi hermano como si fuera un crío de diez años. “Hostia, hostia, hostia”, pienso, mientras las puertas del parque se abren otra vez. Y en un parpadeo estaba de nuevo tan maravillado como cuando vi la primera parte (no de estreno, claro; no había nacido). ¿Tan maravillado? Bueno, tanto, tanto no.

Hablando claro: no mentiré si os digo que “Jurassic World” es la mejor secuela de “Jurassic Park” (1993) hecha hasta la fecha. No es decir mucho, aun así: “Mundo Perdido” no es gran cosa, y “Jurassic Park III” es un desastre lo cojas por dónde lo cojas. Y entendedme: es una buena película. La trama está bien montada, la actuación se puede ver que es algo que está cuidado (incluso la de los críos, que casi no dan ganas de matarlos ni nada) y el CGI no duele a la vista (La gente que se queja de que hay mucho CGI no sé sí se espera que clonen dinosaurios de verdad o algo, por cierto). Pero es una secuela. Y con esto quiero decir que está diseñada como secuela. Vamos, que está hecha en todos sus aspectos para continuar la saga.

Esto, que no es malo per se, tampoco es bueno. Colin Trevorrow ha optado por no separarse en absoluto de la cinta original, como si tuviera miedo de ofender a los fans de la saga. Y en verdad que no hay motivo de ofensa: El Parque abre, se escapa un bicho, se monta el caos pero al final todo sale medianamente chachi. Es lo que se espera. Además, se me hacía el culo Pepsi Cola (hablando en plata) cada vez que había una referencia a “Jurassic Park”: Las puertas del parque, las ruinas de las instalaciones antiguas, la camiseta de uno de los operarios de control (genial Jake Johnson, ahí), el Jeep (“OMG EL JEEP ¡¡EL JEEP!!”: así estaba yo en el cine), el Laboratorio Genético “Hammond”, el libro escrito por Ian Malcom que lee una chica en el tren… Sin embargo, si analizamos lo que aporta al universo cinematográfico de la saga de Spielberg, veremos que se queda en nada.

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Incluso parece que pretende sanar fallos de las cintas anteriores. Sin ir más lejos (y ojo, porque éste párrafo tiene spoilers): la pelea entre el Indominus Rex (ese híbrido tan tremendamente invencible) y el clásico T-Rex parece decirle al espectador: “¿Veis, chicos? Nos arrepentimos de lo del Spinosaurio de la tercera”. Y lo peor es que funciona: cuando vemos como el Indominus pierde contra el dinosaurio más emblemático de toda la saga jurásica casi nos sentimos aliviados.

Pero ¿Qué es lo verdaderamente original de “Jurassic World”? Quizás el tema de los raptors entrenados (que, pese a las reticencias que tenía cuando vi los tráilers, he acabado bastante satisfecho) o quizás, la magia de ver el Parque abierto de verdad: funcionando, cargado de gente hasta los topes, lista para pasarlo mal tan pronto como se desate la inevitable tormenta. Aun así, mientras veía los paisajes llenos de dinosaurios con los temas originales de John Williams conseguí emocionarme, pero menos. Es la mejor secuela, pero porque se parece demasiado a la original. Ni Chris Pratt, que hace una actuación más que correcta y agradecidamente diferente a Star Lord, marca una diferencia real.

La pena es que si uno busca escenas míticas en esta nueva entrega que lleguen al nivel de, por ejemplo, el profesor Malcom corriendo delante del T-Rex en la primera, o como la escena de la caravana en la segunda, sólo encontrará las que nos deja ver el tráiler: Owen deteniendo a los velocirraptors con sus tácticas de cuidador o la apertura de la jaula del Rex por parte de Claire (Bryce Dallas Howard, la protagonista femenina, con una actuación también muy notable).

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CONCLUSIÓN: La cuarta entrega es muy correcta. Funciona, emociona y entretiene. No deja momentos ridículos, como las otras secuelas. Si a uno le gusta la saga de saurios más famosa del cine, no le decepcionará. Y si tampoco es un fanático, no lo pasará mal: de hecho, son dos horas que se pasan en un suspiro. “Jurassic World” es más grande, más movida, con más acción, con más fotografía. Pero con menos sentimiento.