La mujer en China

Aprovechando la reciente celebración del Día de la Mujer, hablaré del panorama femenino en China.

Hablar de la situación de la mujer en China es muy complicado por varios motivos. El primero es que, hablando de un país tan sumamente grande y con tantísimas diferencias entre el campo muy subdesarrollado y las ciudades que experimentan el avance más rápido vivido por la humanidad, es muy peligroso generalizar y, por tanto, muy fácil caer en errores. El segundo es la falta de datos oficiales de escolarización, malos tratos o acceso real al mercado laboral.

Una de las primeras cosas que llama la atención al llegar a una gran ciudad China es la aparente paridad en los puestos de trabajo más cualificados: abundan las mujeres que trabajan en el banco, como profesoras de universidad, en las aulas universitarias la proporción de chicas es muy alta. Con la llegada del régimen comunista en 1949, el hombre y la mujer fueron por ley virtualmente iguales en cuanto a derechos y deberes, pudiendo acceder ambos a la educación y a cualquier puesto de trabajo. Sin embargo, las fuertes tradiciones eran difíciles de arrancar por lo que se ha tardado medio siglo en conseguir muchos de los logros que hoy en día hacen que la mujer en las ciudades chinas se encuentren en igualdad de condiciones que los hombres. Si bien, también es cierto que, echando un ojo al profesorado de tres de las más importantes universidades del país, apenas se encuentran catedráticas y tan solo el 23 % de los diputados en la Asamblea Nacional China son mujeres. La proporción baja aún más si hablamos de altos cargos del gobierno y de empresas.

Sin embargo, pese a que los datos de las ciudades casi equiparables a los que podemos encontrar en muchos países occidentales, la situación en el campo es muy distinta. En las áreas rurales. las tradiciones antiguas y las estrictas ideas confucianas del rol de cada género en la sociedad siguen marcando el día a día de la comunidad. Sería muy difícil generalizar también al hablar de la mujer en las áreas rurales puesto que varían mucho entre el norte y el sur y, además, es en estas zonas donde más abundan las minorías étnicas, cada una de las cuales sigue sus propias tradiciones. Pero algunos puntos que sí tienen en común serían los efectos de las políticas «del hijo único» y de «cerrar y unir escuelas».

La primera, posiblemente la más conocida en occidente restringía (ya la están quitando) el número de hijos que cada pareja podía tener: uno en las ciudades, dos en el campo y variable para las distintas minorías étnicas. Esta limitación en el número de descendientes en el campo llevó a que muchos padres, deseosos de tener un hijo varón para trabajar en el campo y porque tradicionalmente es más honroso, abortasen en caso de saber que el hijo por nacer era hembra o intentasen deshacerse de la niña recién nacida (normalmente dándola en adopción).

La política de «cerrar y unir escuelas» surgió en 2001 con la intención de unir las escuelas de varios pueblos pequeños para crear un colegio en que ofrecer mejor educación. Pese a que la educación es gratuita en China y el Gobierno ofrece muchas becas a los alumnos que necesiten desplazarse y vivir internos en estos colegios, muchos padres optaron por desescolarizar a sus hijos ya que, estando en la ciudad les podían ayudar al salir de clase.

Por lo tanto, como podemos ver, aún queda mucho por hacer en pos de la igualdad en China aunque en la actualidad existen numerosas ONG que trabajan por ofrecer las mismas oportunidades en un país cada vez más polarizado.