La opacidad de las elecciones europeas

Desde un punto de vista inocente, el aumento en los últimos años del poder del Parlamento Europeo parece un avance incuestionable en cuanto a la legitimidad democrática de Europa. Ahora, controlará en mayor medida el proceso legislativo y la actividad de la Comisión. El Parlamento es el único órgano a nivel europeo que expresa la voluntad de los diferentes pueblos del territorio europeo a través de elecciones democráticas. Sin embargo, no representa una voluntad común. La deficiencia de unidad de la Unión Europea se percibe sobre todo hacia el exterior, como ha ocurrido durante la reciente crisis de Ucrania. La reacción ante la anexión de Crimea por parte de Rusia ha sido, cuanto menos, caótica e incoherente; de hecho, podríamos llegar a decir que ha sido casi inexistente. A pesar de que sea más fácil darse cuenta de esta evidencia en conflictos internacionales, este comportamiento errático tiene un origen interno. En gran parte, es debido a la ausencia de un auténtico gobierno europeo elegido por los ciudadanos.

Me explico: este año se hará mucha propaganda en relación con los grupos parlamentarios europeos. PPE, PSE, Liberales, etc. Es cierto que dichos grupos existen y que son dirigidos por un líder común. Sin embargo, aquí se termina lo europeo, pues están integrados por multitud de partidos nacionales que simplemente se juntan en el Parlamento Europeo. No hay un Partido Europeo popular, ni un Partido Socialista Europeo. Es una ficción, porque si quiero votar al PPE tengo que votar al PP y darles escaños a sus diputados, y si quiero votar al PSE mi voto debe pasar por el PSOE. Esta situación es incluso más preocupante en otros grupos, donde tengo que votar a un partido nacionalista, de cuya región de España puedo no formar parte, para votar a un grupo parlamentario con el que me sienta identificado. Mi voto da poder e ingresos a un partido nacional, irremediablemente. Es un sistema totalmente anticuado y profundamente antieuropeo, ya que al final se vota un parlamento nacional en miniatura que se exporta al Parlamento Europeo.

 

Para aclarar este punto, resulta importante referirse a la Comisión Europea. Es un órgano que a menudo ha sido tachado de antidemocrático. En esencia, lo es. El pueblo no tiene ningún poder de decisión, no elige a los comisarios. Sin embargo, los comisarios representan a la Unión Europea, todos y cada uno de ellos; no se permite defender el interés nacional de nadie, sino que se busca el interés común de toda la Unión. El Parlamento Europeo carece de base de esta característica, ya que no existen Partidos Europeos. Por poner un símil que el lector reconozca, el Parlamento Europeo no es más que un Senado a nivel europeo, que en lugar de dividirse en regiones se divide en países. Aunque, teniendo en cuenta la naturaleza de las instituciones de nuestro país, también se podría comparar con el propio Congreso de los Diputados, dentro del cual algunos partidos defienden intereses de regiones concretas de España y que, por lo tanto, no representan al conjunto de la población.  Así, en el Parlamento Europeo cada partido representa en primer término a su país.

Unión Europea

 

La solución no pasa necesariamente por otorgar más poder a la Comisión, sino por la forma en que el Parlamento Europeo está enfocado actualmente. En una institución joven y nueva se necesitan partidos nuevos, partidos adaptados al siglo XXI, cosa que ninguno de los decadentes sistemas democráticos europeos puede ofrecernos. La existencia de verdaderos partidos europeos es la única solución democrática viable a largo plazo. La creación de una segunda cámara que representara democráticamente al conjunto de europeos, manteniendo el Parlamento Europeo para la representación nacional, es una alternativa a tener en cuenta.

En cualquier caso, urge también un esfuerzo a nivel de los Estados Miembros para concienciar a la población de la importancia de las elecciones europeas. En España, por ejemplo, las elecciones europeas se utilizan a modo de meras “encuestas cualificadas”, como si las decisiones realmente importantes para el futuro de nuestro país no se tomasen en la Unión Europea. Mientras se siga transmitiendo la imagen de que el Parlamento Europeo es el destino para voces incómodas, como en el caso de Mayor Oreja (PP) o Jaúregui (PSOE), o simplemente un retiro dorado, véanse los casos de Varcárcel (PP) o Elena Valenciano (PSOE), el proceso de democratización de la Unión Europea seguirá estancado.

Concluyo el artículo con la siguiente reflexión: si hay políticos mejores en Europa de los que hay en España, ¿por qué tengo que elegir a un español? ¿Qué me importa la nacionalidad de un político si va a representar y defender mejor mis intereses que otro? Entiendo que, actualmente, haya muchas personas que teman “perder” representación en Europa porque no haya un número fijo de miembros de su país. Pero esto cambiará; cuando un alemán se sienta tan español como alemán, cuando un español sienta que toda Europa es su hogar y se rompan las barreras nacionales, símbolo de egoísmo y atraso, surgirá una Europa moderna y verdaderamente democrática. ¿Estamos preparados para algo así? Una vez se supere esta crisis económica que está poniendo a prueba la solidaridad entre los miembros de la UE, se abrirá un nuevo horizonte de posibilidades para el pueblo europeo. Tal vez entonces empiecen a desaparecer los Reinos de Taifas que impiden una Unión verdaderamente democrática, europea y, valga la redundancia, unida.

Ángel Roldán Buñuel

Licenciado en Derecho Hispano-Francés. Guitarrista en Duermevela. Aficionado a la literatura. Busco mi propio punto de vista.

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