La semana en que China se paralizó


¿Os imagináis un país de mil trescientos millones de habitantes —es decir, veintinueve veces España o tres veces la Unión Europea— completamente paralizado y lleno de gente deseosa de montarse en desvencijados trenes, hacer colas kilométricas y de aprovechar los pocos días libres al año que tienen? Así lleva China una semana entera.

En la mente de todos,  el pueblo chino es laborioso, capaz de grandes esfuerzos y de trabajar de sol a sol de lunes a domingo y que nunca descansa. Sin embargo, sólo hace falta pasearse por cualquiera de sus ciudades para ver que no son más que mitos fomentados por el nivel de explotación al que se ven expuestos muchos de sus habitantes, tanto dentro como fuera del país: son gente con un carácter muy parecido al mediterráneo, que valoran las siestas, el descanso, pasar horas hablando y, por qué no, jugar al bádminton y al mahjong en horas de trabajo.

La Semana Dorada

El mejor ejemplo para romper el mito del chino que no descansa son las dos semanas al año en que el país prácticamente se paraliza, conocidas como las Semanas Doradas. La primera del año coincide con las celebraciones del año nuevo del calendario chino, que varía entre enero y febrero; la segunda se corresponde con la celebración del Día Nacional de China, comenzando el día 1 de octubre y extendiéndose siete días más.

Durante estas dos semanas, los estudiantes no tienen clase, muchas empresas prácticamente paralizan su actividad, muchos restaurantes cierran… el país se paraliza. O casi. Algunos pensarán que en España pasa igual en Semana Santa y Navidad, pero hay dos grandes diferencias: la primera es que en España ambas vacaciones suelen dividirse en dos partes de tal manera que no todos tengan vacaciones a la vez y la segunda es que estas dos semanas son, para muchos las únicas posibilidades que tienen de salir de viaje. Y es que los chinos han descubierto no hace mucho el placer de viajar y el gobierno está fomentando el turismo interior.

La clase media china está en auge, y el número de gente que quiere aprovechar las vacaciones para descubrir su inmenso país aumenta cada año. Para ilustrar el bullicio turístico sobre la celebración del Día Nacional de años pasados diré que se calcula que casi cien millones de personas viajaron por carretera, sesenta millones en tren y diez millones en avión. La Ciudad Prohibida recibió casi 200 000 visitantes en un sólo día. Los datos que se pueden leer sobre la otra Semana Dorada pueden llegar a ser más espectaculares: se calcula que durante el Festival de Primavera de este año se realizaron más de dos mil millones de desplazamientos.

Muchos expertos han criticado este parón programado de la economía que, si bien supone un gran impulso del turismo, suele frenar ligeramente el crecimiento anual de un país cuya economía que está compitiendo con la de otros países en los que un descanso de tal magnitud sería impensable. Estos críticos ya consiguieron hace seis años acabar con una tercera Semana Dorada coincidente con la festividad el primero de mayo. Sin embargo, otros alaban esta válvula de escape de un pueblo que cada vez se ve más invadido por las prácticas capitalistas.

 

 

Nacho García Dapena
Estudiate de Traducción e Interpretación
Madrid