Limpiando el Partido

Bakunin contra Marx Podemos remontarnos a la división entre Bakunistas y Marxistas allá por el siglo XIX, o a las diferencias entre comunistas y socialistas y sus diferentes internacionales a primeros del siglo XX. Podemos avanzar hasta mediados de siglo y observar las divergencias entre prosoviéticos y eurocomunistas en el seno de las organizaciones marxistas europeas del momento (sobre todo en España, Francia e Italia), que dio lugar a la división y por ende multiplicación de partidos comunistas en occidente. Y más recientemente con el comienzo de la crisis económica se ven reflejadas las distintas estrategias y posturas de las diferentes organizaciones de izquierdas que buscan dar respuesta de manera más ortodoxa o pragmática a la salida de la misma. Pero la constante siempre es la misma, la división en el seno de la izquierda. La falta de entendimiento a un lado del espectro electoral.

No voy a valorar en profundidad si estoy de acuerdo o no con tales divisiones, o si algunas son ideológica y estratégicamente adecuadas, y otras más propias de la mezcla de lo personal con lo político. La realidad es que a lo largo de la historia no ha ocurrido con la misma intensidad estas fracturas al otro lado del espectro. Las alianzas históricas de los liberales y conservadores en la mayoría de los países europeos le ha permitido a la derecha construir bloques fuertes con los que entorpecer el auge de los partidos y sindicatos obreros.

Centrándonos en los casos más recientes, podemos ver como en Grecia Syriza ha tenido que convocar unas elecciones para “limpiar” a su ala más izquierdista que se reconfiguró en un nuevo partido denominado Unidad Popular que no consiguió entrar en el parlamento, por lo que la jugada le salió redonda a Tsipras. Aun así otra formación a la izquierda de Syriza, el KKE, entró y con fuerza en las instituciones.

Si nos vamos al caso portugués, encontramos que la tercera y la cuarta fuerza en las pasadas elecciones, el Bloco de Esquerda y la CDU respectivamente, se presentaron por separado a pesar de que las dos organizaciones de izquierdas tenían líneas rojas en común, ante unas elecciones donde los partidos de derecha más fuertes del país deciden unificarse para aumentar su apoyo electoral.Izquierda dividida

Si recorremos el panorama nacional, vemos algo parecido con la “izquierda histórica” y “la nueva izquierda”. Las dos principales formaciones a la izquierda del PSOE, (Podemos e Izquierda Unida), parece que definitivamente se presentarán por separado en las próximas elecciones del 20 de Diciembre. Durante meses se hablaba de unidad popular, convergencia, etc., al mismo tiempo que las diferentes organizaciones que deberían componer la unidad popular se miraban con recelo. La posición de fuerzas entre ambos partidos no es paralela, y a pesar de que Izquierda Unida tiene la historia, la estructura y la formación que le garantiza organizaciones como el PCE, Podemos cuenta con bastante más apoyo electoral y eso de cara a unas negociaciones de este calado es mucho decir. Su posición de fuerza es superior, y por lo tanto el tipo de presión y exigencias que puede hacer también lo es, aunque eso no te da carta blanca para decidir unilateralmente, pues en cada negociación hay que ceder, y recordando frases válidas para nuestro tiempo las posiciones deben ser “firmes en el qué, flexibles en el cómo”. Por otro lado, la identidad y el simbolismo que algunos defienden a ultranza en Izquierda Unida en general y en el PCE en particular no parece ayudar a este tipo de acuerdos, pues la política se hace con la cabeza, y el corazón ya lo usaremos en los momentos de folclore, porque el vecino que desahucian mañana no entiende de himnos ni de banderas, solo quiere una solución. Este tipo de prácticas poco se parecen a convergencias históricas de las que suele presumir la izquierda como la “Unidad Popular” en Chile o el “Frente Popular” en España.

Con todo ello no quiero alimentar cualquier tipo de candidatura unitaria, pues sería complidado entender que partidos anticapitaslitas se fusionaran con organizaciones socialdemócratas en la actualidad, pero cuando dos organizaciones tienen más parecidos que diferencias en sus bases programáticas es difícil justificar que se presenten por separado a unas elecciones trascendentales y no sean capaces de llegar a un acuerdo de mínimos. Como decía, de manera irónica, un profesor al que me costó entender, “de purga en purga hasta la victoria final”.