Llaves que escriben Historia

Supongamos que hubiese un conflicto en el que dos pueblos luchasen por su hábitat. Supongamos también  que en uno de los pueblos luche por una tierra prometida, un hábitat para un pueblo que fue maltratado durante siglos, a lo largo de la historia de la humanidad. Esta tierra prometida, supongamos, ha sido producto de una política con intenciones de desagravio por los sufrimientos históricos.

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Entre estos supuestos vive un joven entusiasta de la historia  y hambriento de saber, inconformista y autodidacta – para entender mejor la historia, y la gente de las tierras en las que se crio, incluso aprendió sus lenguas. Nos lo encontramos en un viaje por las historias del presente, en una de las ciudades de nuestro planeta que más historias tiene que contar. Un lugar de peregrinaje, al que acuden gentes de todos los pueblos y creencias. Un lugar que sería considerado santo, por todos sus peregrinos.

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Nos sentamos en un pequeño local, en medio de la vida del mercado de la ciudad a la que hemos viajado, en un día caluroso y soleado. Compartimos y disfrutamos de gastronomía típica del lugar: una bebida alcohólica de limón que es considerada la felicidad embotellada, y comemos una crema deliciosa de garbanzos especiada delicadamente. Hablamos sobre viajes, experiencias, recuerdos, planes de futuro y sobre la historia del mundo, de política, de memorias y también de cicatrices. Es entonces cuando él nos hace participes de un poquito de su historia familiar.

Nos cuenta de un tesoro sentimental que se guarda en la familia como recuerdo de su historia, pero también como señal de advertencia. Parte de la familia de este joven, es de origen alemán, y vivió en Alemania en la época del holocausto. Estas circunstancias hicieron emigrar a la familia. Tuvieron que dejar su hogar, sus pertenencias, toda una vida – para encontrar una vida más segura, un lugar en el que sus hijos y nietos pudiesen crecer tranquilamente. Fué por aquella época, cuando la familia de este joven emprendió viaje hacia la tierra prometida. Entre el escaso equipaje que pudieron llevar, se encontraba la llave del hogar que iban a abandonar, sabiendo que probablemente jamás volverían a este lugar. Las llaves pasaron a ser el tesoro, y constante recuerdo de la historia familiar – y la historia de un pueblo perseguido.

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Seguimos en un viaje por sus recuerdos, por las historias que le contaban sus abuelos, y uno de sus sueños de la infancia: volver a aquella casa. ¿Por qué volver a un lugar del que has sido ahuyentado, por que volver a aquel recuerdo que tanto sufrimiento causa a tu familia? Hace poco tiempo decidió emprender el viaje a Alemania para visitar la ciudad de la que tantas anécdotas habían contado  sus abuelos, conocer la casa en la que él podría haberse criado. Quería saber si la casa seguía en el mismo lugar, ver con sus propios ojos lo que su familia con añoranza le relataba, conocer a quienes viven allí ahora.

Cuando llego a la ciudad, decidió dirigirse al lugar que su abuelo tanto le había descrito. Una vez delante del añorado hogar de su familia, volvieron a él todos los recuerdos, todas las advertencias, todo el dolor que sufría su familia. Y el único pensamiento firme que tuvo, es que el pasado no debe ser olvidado, pero tampoco alterado – quería volver a su casa, a la casa en la que había crecido y olvidar por fin las llaves y sus infinitas historias.

Seguramente la historia de la familia del joven no es la única, y hay inumerables como esta – unos días después escucharíamos el relato de otro tesoro familiar.

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Paseando por el casco antiguo de esta ciudad milenaria, por la vía que es conocida como la calle que llevó a un profeta, al mesías, a su muerte y posterior resurrección en aquellas mismas tierras. En esta calle está la cueva de los tesoros ocultos, como la llama nuestro viejo amigo. Una pequeña tiendita rodeada del encanto de la historia que transmite la ciudad. La cueva está decorada con antigüedades de la tierra desde joyas centenarias, alfombras coloridas, llaves hasta trajes de boda, hechos según tradiciones milenarias. Nuestro viejo amigo vive en esta ciudad desde su nacimiento, y su familia vive en estas tierras desde generaciones innumerables. Su familia vivió en unas tierras, en un lugar, que pasaron de ser cosmopolitas, modernas y ricas, a ser un lugar en donde reina el miedo, el terror y la tristeza.

Nos cuenta la historia de la ciudad, y la historia de su familia, mientras nos sirve el mismo plato típico que habíamos comido unos días antes con nuestro joven amigo. Nos cuenta lo mucho que ha cambiado la situación en esta ciudad, anteriormente tan moderna, viva y pacífica, lo difícil que es vivir allí hoy en día, si tu procedencia es la suya. Nuestro viejo amigo no tuvo que emigrar, ni cambiar su nacionalidad. Digamos que su lugar de origen “desapareció” del mapa político mundial – no existe. Pero las tierras en las que se crió el, su familia, y su pueblo, siguen existiendo pero en cohabitación y lucha con otro pueblo que lo considera su tierra prometida.

La ciudad ha sido dividida, los habitantes de los diferentes barrios han sido cambiados de lugar, incluso casas enteras han sido arrancadas de sus cimientos para colocarlas en el territorio “correcto”. Nos cuenta muy angustiado nuestro viejo amigo. Las familias que no pudieron “reposicionar” sus casas, tuvieron que encontrar o construir nuevos lugares, nuevas vidas – y dejar sus antiguas casas para aquellos que buscan la felicidad y paz en aquella tierra prometida.

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Nuestro viejo amigo cuenta decepcionado, que su familia fue muy respetada y amada en la ciudad, y que es posible visitaralguna de las villas en las que vivía. El también sigue teniendo las llaves de la casa de sus padres, incluso la de sus abuelos - las guarda como sus preciadas antiguedades en su cueva. Pero no quiere saber ni quién vive en sus antiguos hogares, ni por qué – porque sueña con que algún día estas casas sean devueltas a sus propietarios. Sueña con que sus sobrinos, que tuvieron que emigrar por las terribles circunstancias en las que tiene que vivir su pueblo, puedan volver algún día a su tierra de procedencia.

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“No viviré la paz en esta tierra, y posiblemente vosotros tampoco”, lamenta nuestro viejo amigo, que sufrío encarcelamientos, maltratos y persecuciones por haber nacido y pertenecer a ese pueblo “inexistente”. Mientras nos prepara un café árabe especiado con cardamomo, nos cuenta que esas tierras no están viviendo un conflicto, puesto que los conflictos son problemas y los problemas tienen solución. Lo define como una lucha, su pueblo esta en continua lucha y miedo – es imposible determinar cuándo empezó esta lucha, o cuando encontrara su fin.

Ahora supongamos que esto no es un simple relato, supongamos que esto es una experiencia real. Supongamos o incluso tratemos de imaginar que estas historias están pasando en la realidad – porque es la realidad de dos pueblos en lucha por su habitad, por sus vidas, por su futuro.

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Cristina Pomareta Fernández

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. Actualmente cursando un año académico de intercambio en Yildiz Teknik Üniversitesi en Estambul, Turquía.

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