Llueve sobre mojado

No hay que ser un erudito, ni tampoco un estudioso sobre la cuestión para darse cuenta de que van ganando. Anotan otro tanto cada vez que alguien dice que todos los políticos son iguales, que la política no me interesa o que la culpa es de los asesores, y ese tanto vale triple si el que lo afirma es el mismo al que de repente le ascendieron de clase social y ahora pertenecía a esa gran mentira denominada “nueva clase media” y el tan orgulloso se lo creyó. Sí, ese mismo al que después le dirían que había vivido por encima de sus posibilidades y ahora debía de pagar por ello y él tan inocente se lo creyó.

 

Se trata de la historia en sí misma, repetida una y otra vez. El capitalismo y sus herramientas, esas que utiliza con gran destreza para dividir a la clase obrera y mantener un statu – quo estabilizador que mantiene y consolida el sistema. El problema es que la clase obrera agarra esas herramientas y las emplea sin darse cuenta de que se daña a sí misma. Lo vemos a diario con banderas patrióticas en los coches, hipsters haciéndose los modernos con el inglés, trabajadores pisándose en la empresa y un largo etcétera de despropósitos, con los que nos marcamos tantos en propia. Y es que no se dan cuenta de que el patriota no es el que lleva una bandera de su país en el coche, sino el que pelea por mejorar las condiciones de vida de su pueblo, el moderno no es el que se deja llevar por una moda pasajera sino el que se rebela contra lo que considera injusto y que la unión de los trabajadores es la que hace mejorar las condiciones de los mismos.

La última herramienta en el mercado es hacernos creer que las ideologías ya no existen, como si estas fueran una moda que aparecen un día y desaparecen al siguiente, cuando ya no interesan, cuando ya se han utilizado tanto que se han desgastado. Y es que al liberalismo siempre le interesó esto, hacer de la política algo secundario, que no importase, construir una sociedad apática, sin dignidad, sin identidad, y en consecuencia recordar a la clase obrera que ni es clase, ni es obrera, y por lo tanto no deben de luchar contra nada, pues nada hay que les explote, porque ahora son una nueva clase media, y las ideologías ya no existen por lo que no tienen nada con lo que identificarse. Pero llueve sobre mojado, pues esta es una historia que se repite, hay quien se la cree, aunque mañana vuelva a levantarse a las siete de la mañana y su fin de mes empiece el día 15, y hay quien ya no se traga estas pesadillas, como el pueblo griego.

Anónimo.