Lo que pasa, no pasa y pasará en Ucrania

Ayer, día 16 de marzo, la República Autónoma de Crimea decidió, por medio de un súbito referéndum el destino de su población y territorio.

Si bien las condiciones en las que se desarrolló la consulta popular son de notoria exaltación emocional, no fríamente contemplada o reposada, con hipotéticas y susceptibles dudas respecto al diseño del proceso, no cabe negar que este territorio de la actual Ucrania ya tenía programado desde hacía tiempo un referéndum de restitución y extensión de competencias territoriales. Aunque el actual gobierno crimeo pueda ser acusado, además, de ser repentino y autoproclamado; las no electas autoridades de Kiev poco pueden, o deberían, decir respecto a la naturaleza de su propia posición. Ambos son gobiernos de respuesta.

Aunque habrá quien dirá que es ilegítimo, que es ilegal, que es un acto de neoimperialismo ruso, nadie podrá negar que algo está pasando en esta región de Ucrania. Se podrá llamar manipulación, opresión o invasión. Pero también se podrá llamar despertar popular, el sentimiento nacional, y reactivo, de un pueblo. Todo depende de cómo lo transmitan y lo percibamos. Y, quién sabe, puede que se trate algo en el término medio.

Se me podrá recriminar que el tono que empleo es de sospechoso apoyo a la rusificación de Crimea, la cual, siendo perteneciente al Estado ucraniano, es predominantemente rusa en su composición étnica y cultural, además de tener una presencia constante de militares rusos desde 1783 por el enclave estratégico que representa la península.

Sin embargo, la breve disquisición que se plantea en este texto no es tanto respecto al referéndum sino a lo que hay detrás. Lo que hay detrás de las muestras populares, y mediáticas, de apoyo y oposición: esas manifestaciones en Crimea y la región de Donetsk con el ondear tricolor de la bandera rusa y gritos de “Rusia”, las contramanifestaciones y otras marchas con la bandera bicolor ucraniana, antes y durante la cuestión crimea. Según el medio al que recurramos, por no decir que nos invada las pantallas, veremos unas imágenes u otras, un tratamiento u otro de la información. Y podremos, errónea y sesgadamente, emitir un prematuro juicio respecto a lo que vemos, suponiendo la hipotética realidad y actualidad de lo que se nos hace llegar.

Crimea-Rusia-Ucrania

Se está, como siempre, a favor o en contra de un grupo u otro. Se juzgan los valores de cada uno y se calibran los mensajes de manera superficial, demasiado evidente.

Aunque el ejercicio que planteo es arduo y complicado de hacer en estas breves líneas propongo que se adopten las visiones de cada “bando”, del discurso y pensamiento que hay, o puede haber, detrás de cada expresión. Que se pueden entender.

Porque, una vez más, el nacionalismo, el auge del proyecto perdido del siglo XIX-XX, es la punta de lanza de estas movilizaciones. Tomando prestadas las palabras de Bathan Gardels en la tribuna de opinión de El País, «Isaiah Berlin tenía muy claro que el nacionalismo agresivo constituye una reacción, es “la rama que rebota” después de pisarla. Hoy puede verse en la China neoconfuciana que refuerza su poderío militar en el este asiático; en la Turquía neootomana; en el regreso del fundamentalismo hindú, a medida que se aproximan las elecciones en India».

Y es así como se puede entender el discurso y clave nacionalista que recorre, y enfrenta, Ucrania. Discurso, el nacionalista, que se trata de una reacción de masas. Discurso, que no ahora, sino desde el mismo comienzo del movimiento de EuroMaidan, se viene asentando y proyectando entre diversos sectores de la población ucraniana. ¿Qué es comparable al ruso? Puede que no, pero sí es discernible que toma su propia forma, pero ¿qué es lo que hay detrás? Ciertamente, y he aquí la clave crítica de este escrito, el velo con el cual se cubren los ojos los eslavos de la región de Ucrania y, en general, el resto de ciudadanos del mundo.

El nacionalismo, que es la propagada y falsa clave de bóveda del “conflicto de Ucrania”, que no se nombra en los medios de comunicación es el canal o vehículo conductor que parece dirigir toda la crisis. La economía, la estructura social, las condiciones políticas del territorio no parecen ir más allá de que Ucrania se levante o hunda por la democracia, que Ucrania sea o no europea, que Rusia esté o no fuera de influir a Ucrania. Y, realmente, ¿importa? Porque, en el sentido nacional, ¿por qué nos debería de importar Ucrania? El carácter geoestratégico del territorio, un territorio “tapón” limítrofe con Rusia, tentadora frontera para la OTAN y el mercado europeo parecen no ser tan evidentes. Que se destinen millones de euros o dólares a Ucrania porque sí, de manera “gratuita” en pro de la “democracia” por parte de la UE, EEUU o mediante fundaciones como la de George Soros, que “difunden” la construcción democrática, lo cual no me parece inocente o desinteresado. Desde esta humilde tribuna, como ciudadano europeo y del mundo, me pregunto qué plan tienen las nuevas élites ucranianas, qué ocurrirá con el Pravy Sektor y el partido Svoboda, no una minoría sin más sino quienes actualmente tienen tres carteras ministeriales y la vicepresidencia, porque, como dice Rafael Poch en La Vanguardia, «por primera vez desde 1945 un sector claramente ultraderechista y con impulsos antisemitas controla importantes parcelas de poder en un gobierno europeo bendecido por la Unión Europea», qué ocurrirá con un país que, desde su independencia en 1991, no ha cesado en una cultura de la corrupción de la élite. Si Ucrania no irá en el camino de convertirse en otra Hungría en el marco europeo por culpa de un nacionalismo reactivo, que se torna agresivo, y hace que las personas se maten en mitad de un país que se va a pique por una élite colaboracionista del poder internacional, bien pro-rusa, bien pro-europea.

Como hace menos de dos siglos Crimea vuelve a ser el centro de todas las miradas en Occidente, solo que esta vez aunque el pulso esté en su península, el campo de batalla está en su vecina Ucrania y las víctimas son los ucranianos. ¿Será diferente con los crimeos?

- Algunas referencias en distintos medios de prensa internacional sobre el referéndum en Crimea y la extrema derecha en Ucrania

Andy Eric Castillo Patton

Estudiante de Ciencias Políticas y Sociología y Humanidades. Forma parte de equipo de Harald Wartooth en http://haraldwartooth.es/

2 Comments

Slava

Me ha parecido una visión muy objetiva de la situación. Realmente, Ucrania ha tomado el rumbo que no sólo preocupa sino asusta a todos rusos étnicos del país. LA MASACRE DE VOLYN no es tan lejana como algunos piensan. Ahí, los ultra, no sólo mataron a polacos, sino a todo ser humano que no fuera “ucraniano” . Ésto deberían transmitir en los medios de comunicación del mundo, pero no interesa a nadie, desgrasiadamente.
Gracias por el artículo, aunque me gustaría poder leerlo en El Mundo o La Vanguardia o ABC.

Un cordial saludo,
Slava

Reply
Andy Eric

Muchas gracias por tu comentario Slava. En parte ese es el propósito del artículo, de la reflexión. Desconozco de primera mano lo que allí ocurre, pero en base a las fuentes me figuro una situación complicada y opaca. Bien dices al mencionar esa masacre cometida por ucranianos ultra-nacionalistas y todavía no exculpada de manera oficial por el Estado de Ucrania.

Tristemente en el Este los problemas entre etnias, o supuestas etnias, sigue siendo una importante fractura de conflicto. Ya veremos en qué deriva la situación, pero parece que la tensión aumenta y Occidente no dice nada.

Atentamente y gracias de nuevo por compartir tu opinión,

Andy Eric

Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *