Maidan, la crisis inacabada

Han pasado tres años desde que, en febrero de 2014, la Plaza de la Independencia (Maidan Nezaleshnosti) de Kiev se convirtiese en el terreno de una batalla campal. A día de hoy, aún sigue en pie la pregunta a la que nadie parece tener una respuesta. ¿Quiénes son realmente los culpables? Tras la Guerra Fría y la caída de la URSS, Rusia y Occidente siguieron sus enfrentamientos políticos en una nueva esfera: las antiguas repúblicas soviéticas. En 2013, Rusia y la UE comenzaron a medir sus fuerzas en Ucrania, a través del presidente Yanukovich que se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea.

La noche del 18 de febrero, el cielo sobre Kiev se iluminaba de un color rojo ensangrentado por los disparos y las llamas de los neumáticos quemados. A la mañana siguiente, Kiev amanecía con los primeros 26 muertos, además de cientos de heridos. Estas fueron las primeras víctimas mortales del duelo en el tablero ucraniano.

En los siguientes meses, los repuntes de violencia desembocarían en el inicio de la violencia armada en la región de Donbass y la consiguiente anexión de Crimea por parte de Rusia. Mientras los diferentes actores internacionales empleaban su tiempo en culpar al bando contrario, las muertes ucranianas aumentaban.
Las protestas contra Yanukovich habían comenzado de forma pacífica. “Hasta el 30 de noviembre no participé”, explica Andriy, residente en Kiev y gerente de una escuela de ruso para extranjeros. “Todos los días iba a la plaza para ver a los jóvenes haciendo lo que hacen los jóvenes: pequeños conciertos para cantar y tocar, espectáculos, bailar, pasar la noche cerca del fuego con las guitarras, etc. Muy tranquilo todo”, señala Andriy, que destaca que “las protestas en ningún momento fueron anti-rusas”.

Un manifestante proeuropeo ondea una bandera ucraniana sobre una barricada en la PLaza de la Independencia de Kiev.

A final de diciembre de 2013 tuvieron lugar dos ataques islamistas en Volgogrado (Rusia) que se saldaron con 34 muertos y una centena de heridos. La respuesta de Kiev, en particular de Maidan, fue clara: la plaza se llenó de ucranianos conmemorando a los muertos en Volgogrado. La tensión entre ambos pueblos aún no existía, fue creada. Cuando Andriy recuerda el luto entre los manifestantes ucranianos se lamenta: “Nadie esperaba entonces que en unos meses sería imposible para Ucrania hacer un acto similar con sinceridad”.

Cuando comenzaron las movilizaciones, los medios rusos iniciaron “una campaña difamatoria” contra Maidan, cuenta Andriy. El 22 de enero los berkut, las fuerzas especiales que servían como antidisturbios, emplearon por primera vez armas de fuego contra los manifestantes. Falleció Sergiy Nigoyan, un activista armenio. Con el cambio de método del Gobierno cambió también la actitud de los manifestantes. Muchos pasaron de negarse totalmente al uso de la fuerza armada a abrazarla como único modo de protesta. La idea de resistencia violenta empezó lentamente a hacerse más popular.

Tras el 18 de febrero, los medios ucranianos mostraron como culpables de las hostilidades en la plaza a los berkut que meses antes ya habían intentado desalojar la zona empleando cañones de agua. Por su parte, desde el lado ruso se citaba una llamada de teléfono interceptada entre el exministro de Exteriores estonio, Urmas Paet, y la entonces alta representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, Catherine Ashton. En dicha conversación, Paet sugería que los francotiradores que actuaron en Kiev fueron contratados por la oposición ucraniana.

Un activista del Maidán lanza un cóctel molotov durante una protesta contra las autoridades ucranianas que tratan de limpiar la calle.

Mariyka (24 años), de Kiev estaba en cuarto de carrera cuando comenzaron las protestas. Se unió al tercer día de comenzar las movilizaciones y desde entonces acudía varias veces a la semana. Sus expectativas en relación con el movimiento fueron cambiando. En un principio, sólo se trataba de demostrar el desacuerdo con que no se llevara a cabo la firma del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. “Sabíamos que era más que un simple acuerdo económico. Este definiría qué jugador, la UE o Rusia, sería nuestro principal socio político durante las próximas décadas y si Ucrania tendría la oportunidad de decidir por sí misma”.

A pesar de su desacuerdo con el presidente Yanukovich, Mariyka y muchos otros activistas de Maidan, sabían que unas elecciones anticipadas no eran la opción idónea por falta de alternativas reales al mandatario de entonces. Pero con la llegada de la violencia a la plaza quedó claro que ya no podía seguir apoyándole.

Ucrania sufre desde la caída de la URSS una inestabilidad económica y política que muchos ciudadanos creyeron que se podrían solventar con la entrada en la UE. “Estaba claro que si la sociedad permanecía en silencio después de esta flagrante violación de nuestros derechos y libertades nos convertiríamos en una democracia falsa sin futuro, un ‘estado policial’”, relata Mariyka, que confiesa, no se imaginó que el estallido de violencia derivara en una guerra que aún perdura. Tres años después, la joven ucraniana describe la situación de su país como “un período de transición no muy agradable”.

Soldados del batallón  de combate ucraniano Donbass disparan a rebeldes prorusos con un  cañón antiaéreo en Ilovaysk (50 km de Donetsk), Ucrania.

La guerra en el este de Ucrania es algo que a cada poco asalta el foco informativo, pero, por lo general, pasa desapercibida, sobre todo a ojos occidentales. No se prevé que la situación ucraniana pueda llevar a un éxodo masivo como el que se está experimentando en Siria. Sin embargo, el riesgo de flujos migratorios desde Ucrania es una realidad.

Cuestión étnica

Los ciudadanos ucranianos, residan en Kiev, Odessa o Lugansk, se han visto en medio de un conflicto que representa la lucha entre los gigantes internacionales. “Noté que los periodistas europeos a veces sobrestimaban la distinción y la división entre los rusos y los ucranianos”, señala Mariyka. La mayoría de los ucranianos son absolutamente bilingües y “pueden cambiar instantáneamente de un idioma a otro”. Para ella, la situación de Ucrania no es una guerra civil, ni tampoco étnica, es un conflicto regional que “la propaganda rusa trató de retratar como conflicto étnico”. “El conflicto puede parecer una guerra civil”, explica joven ucraniana, “si uno no tiene conocimiento de la historia de las relaciones ucraniano-rusas y la situación real sobre el terreno en 2013-2014 y hasta hoy”.

Fuentes consultadas por Público involucradas en el conflicto y que prefieren mantener el anonimato, describen la situación como un campo de batalla entre Rusia y Estados Unidos que aprovecharon las divisiones creadas por la corrupción, por un lado, y por el eje este-oeste existentes en Ucrania. La estabilidad ucraniana, por ello, depende de las relaciones de los dos gigantes que podrían evolucionar en una nueva dirección con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Un manifestante contra el gobierno camina en la Plaza de la Independencia en el centro de Kiev.

Un manifestante contra el gobierno camina en la Plaza de la Independencia en el centro de Kiev.

Entre los partidarios de Maidan había ucranianos de habla ucraniana y ucranianos de habla rusa. Además de los rusos pro-europeos y pro-ucranianos que viven en Ucrania. Así como judíos, https://www.acheterviagrafr24.com/generique-viagra/ georgianos, bielorrusos residentes en Ucrania. De hecho, los dos primeros activistas que murieron fueron un armenio y un bielorruso. “Estábamos unidos por los valores y la identidad política, el idioma y el origen étnico no eran importantes en absoluto”, señala Maiyka.

Diferentes estudiosos de las etnias, entre ellos Donald Horotwitz y Daniel Posner, afirman que la etnia per se no causa el conflicto. La etnia es instrumentalizada en los casos en los que un conflicto puede beneficiar a uno de los actores dotándole de más fuerza política o afianzando la fuerza de la que ya disponía. Esto se hace evidente también en el caso ucraniano.

Un alto porcentaje de la población del sur y el este de Ucrania estaba insatisfecho con la victoria de Maidan, especialmente “los nostálgicos por el pasado soviético”, pero pocos de ellos estaban dispuestos a recurrir a las tomar armas. “Si no fuera por la intervención oculta, este conflicto nunca habría comenzado”. Mariyka está convencida de que sin dicha “intervención oculta Ucrania lograría construir un diálogo con la región de Donbass”. Un año antes del comienzo de las protestas, Yanukovich había realizado una gran campaña pro-UE. “Los empresarios de Donetsk apoyaron esta idea, los mercados son mejores en la Unión Europea”, recuerda Andriy.

Mientras que Kiev afirma que en la línea de combate no se encuentran ciudadanos ucranianos, sino rusos, el Este afirma que el de Kiev es un gobierno fascista. “Sería conveniente readaptar el proceso de Minsk, que Europa asumiera ese proceso con mayor de fuerza para la reintegración de Ucrania mediante reformas democráticas”, insisten otras fuentes también inmersas en la disputa.

Ucrania, constantemente sumida en hondas crisis políticas que afectan a su economía llevando el país a estar al borde de la quiebra, esperaba que las protestas de Maidan fueron el inicio de algo grande, del fin de sus penurias. Nada más lejos de la realidad. El nuevo gobierno no ha sido capaz de poner fin a la crisis económica del país y, mientras, el sufrimiento de los ucranianos parece haber sido olvidado por la comunidad internacional.

 

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