MAMÁ CAMPO

Calle de Trafalgar, 22 (plaza de Olavide). M: Quevedo (L2) e Iglesia (L1)

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Su encanto especial y su pequeña pero cuidada carta hacen de Mamá Campo un restaurante ecológico diferente y entrañable. Además, la decoración y el ambiente del cheap levitra in usa restaurante son tan acogedores que te sientes como en tu propio salón. El baño está decorado con mucho gusto, con un espejo y un lavabo muy originales que merece la pena ver.

Lo que lo diferencia de otros restaurantes es el origen de los distintos productos, ya que son frescos y de calidad. No sólo provienen todos de agricultura y ganadería ecológica certificada, sino que en la carta está indicado el nombre del agricultor o ganadero, lo cual me parece una iniciativa divertida y curiosa. De esta manera, sabes que el pan artesano que te sirven es de Javier Marca, las lubinas de Doñana de Luis, los huevos de gallinas felices de Celia y las legumbres de Amancia y Cristina.

La carta varía en función de la época del año, ya que adaptan los platos a los ingredientes propios de la estación. Cuenta con tan sólo 15 platos, pero todos ellos son especiales y sus detalles están muy cuidados. Los más recomendables por su originalidad son, por un lado la carbonara de algas, yema de huevo y ventresca ahumada de salmón, y por otro las carrilleras de cerdo guisadas con puré de piel de limón. En el primero, la pasta se sustituye por las algas wakame a modo de espagueti. Es un plato con un sabor fuerte que no os dejará indiferentes y que aconsejo pedir para compartir. El segundo, fue mi favorito de los que probamos, ya que la salsa de limón encajaba perfectamente con la carne y es una combinación poco usual. Además, también probamos las croquetas de pollo en

pepitoria, que estaban muy cremosas. Se podían apreciar los distintos ingredientes del guiso y, ya que nunca había visto croquetas de este sabor, me pareció una idea muy original.

Otros platos muy recomendables son las setas silvestres con huevos de pollita y el arroz de presa ibérica con setas de monte. Si queréis probarlos, tened en cuenta que debéis ir en temporada de setas, ya que si no, los retiran del menú.

De postre probamos la estupenda tarta de limón y nos quedamos con las ganas de probar la “tarta de queso a la antigua”, que según nos comentó el camarero, sigue una receta tradicional rescatada.

El restaurante no es barato (25 €/persona aprox.), pero debido a que es un sitio bastante especial

y que la relación calidad-precio es buena, compensa visitarlo para darse un capricho. Además, cuentan con un 30 % de descuento reservando con El Tenedor.

En cuanto a las valoraciones, le pondría un 10 a la comida, ya que es original y está todo riquísimo, al ambiente un 9,5 porque están todos los detalles muy cuidados y en conjunto al restaurante un 10 porque me parece una apuesta muy interesante y muy distinto a otros restaurantes de Madrid.

Marina Fernandez Barajas

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