Mommy, can you hear me? (***1/2)

 

¡Gññeeeeeeábrete, sésamo!

«Mommy, can you hear me?

Can you feel me near you?

Mommy, can you see me?

Can I help to cheer you?

Ooh, Mommy, Mommy, Mommy, Mommy»

(deformación de una letra de The Who)

Mientras tú o bien acababas de pasar la selectividad, o bien empezabas a trabajar para pagarte la vida, o bien te preocupabas por meterla en caliente o porque papá y mamá te dieran unos cuantos pavos más para poder salir… el quebequense Xavier Dolan estaba estrenando su ópera prima y siendo seleccionando en Cannes. La película se llamaba Yo maté a mi madre (J’ai tué ma mère). Xavier tenía 19 años.

No tanto tiempo después, este niño rico, este ocurrente enchufado, este enfant terrible del cine canadiense, ya te supera por cinco películas. Ha estrenado Mommy, y la crítica la adora. ¿Cómo no va a hacerlo? Dolan puede ser de todo, pero una cosa que no es (por lo menos así lo ha demostrado en este filme), es un mal director.

Xavier Dolan según la cultura meme (AKA “un chiste obvio”)

Steven tiene graves problemas de comportamiento, hiperactividad, déficit de atención y brotes de violencia. Es el arquetipo de hijo conflictivo para una madre soltera, el personaje central de esta historia. Esta mujer no ceja en su empeño de criar a su pequeño monstruo en un Canadá ficticio en el que la opción más fácil es delegar completamente la educación de los malos retoños en las manos del Estado. Para esta misión tan delicada y complicada, contará con la ayuda de su tartamuda nueva vecina. La verdad es que todo esto no suena a nada del otro jueves. ¿Qué hace que esta película sea diferente o mejor?

Pues, a simple vista, el ejercicio de estilo del señor Dolan. La decisión formal de rodar casi toda la película en un aspect ratio de 1:1 (es decir, un cuadrado perfecto, cuando lo normal son 1.85 o 2.39, la proporción rectangular en pantalla de las películas que sueles ver en el cine) es una que me funciona bastante bien. No es un recurso muy complicado ni muy sutil, pero, cuando se le da juego, la película hace su magia. Yo soy uno de muchos que está hasta la coronilla de la condenada Wonderwall de Oasis, pero aquella secuencia en la que Dolan la inserta, una de las más importantes y más emotivas, le confiere una perspectiva nueva, como si la escucharas por primera vez. La canción la sigo odiando, por cierto.

Mommy, una película de Nicolas Winding Refn

La puesta en escena es delicadísima en este sentido y en otros. Las actuaciones son excepcionales y la dirección es más propia de un veterano realizador que la de un chaval de 25 años o menos. Me sobran, tal vez, algunos montajes musicales (con un par de temas, además, muy conocidos) y una o dos escenas tópicas y cuasi-obligatorias en un argumento como este, que lo que hacen es bajar el ritmo. Lo mejor de todo, atentos, es cuando yo ya había perdido toda esperanza de que, en el fondo, esto en realidad no fuera para tanto. En ese momento, llegó el tercer acto, que es a todas luces magnífico. La última escena da al público ese clásico impulso que empuja a levantarse y aplaudir.

Así que, en fin. Mientras Xavier Dolan, a sus ahora veintiséis, está cosechando premios, gloria y el beneplácito unánime de la crítica mundial con un drama familiar la mar de contundente, ¿tú qué estás haciendo?

NOTA: ***1/2 de 5

CALIFICACIÓN: MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA

 

Sergi Monfort Ferrer

Periodismo y Comunicación Audiovisual. Cinéfilo, cineasta amateur, a veces incluso juego a ser periodista. Veo películas si la universidad me deja tiempo y me quejo mucho de mis cortos. Estoy acostumbrado a ser el yogurín allá donde vaya y haga lo que haga. Mi mayor fan es mi madre. La gente quiere de eso que fumo, pero es que yo también.

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