Mujeres, inmigrantes y gays.

Esta misma mañana, mientras ojeaba el periódico me he topado con una artículo que me ha llamado inmediatamente la atención: En el país de lo políticamente correcto triunfa lo escandaloso llevaba a la cabeza dicho artículo. Resulta que un autor del que yo no había oído hablar hasta hoy, Akif Pirinçci, ha conseguido vender en medio mes más de 100.000 copias de un ejemplar que no tardó en escribir más de tres semanas. Hasta aquí no hay nada especialmente llamativo, pero tras ver que el título del mencionado libro es Alemania enloquecida. El culto absurdo a mujeres, homosexuales e inmigrantes, ya os podéis imaginar por donde van los tiros, ¿verdad?

Y sí, tal y como evoca el título, el libro es un ataque indiscriminado a mujeres, gays, inmigrantes, ecologistas, intelectuales, musulmanes, defensores de los impuestos y del Estado social… No necesito leer el libro para concluir que el autor carece de todo tipo de criterio, porque se me hace muy complicado encontrar un hilo conductor racional que ensamble con coherencia esta multitudinaria ofensiva.

Sin embargo, bajo mi punto de vista, lo preocupante de este asunto no es que a este tipo le haya dado por escribir sandeces de semejante calibre, lo realmente preocupante es que haya más de 100.000 personas dispuestas a pagar para leer esas sandeces. ¿Qué está pasando?

El artículo que narraba la noticia cita a Serhat Karakayali, del Instituto de Investigación de la Migración de Berlín, quien afirma: “Este tipo de autores tienen potencial en nuestra sociedad. Un 15% de los alemanes reclaman actitudes autoritarias o muestran odio a las minorías. Es interesante comprobar cómo estas ideas se detectan desde hace poco en las clases medias”. Tengo que reconocer que leer estas líneas ha resultado bastante descorazonador. Por más vueltas que le doy al tema no encuentro una respuesta racional que justifique estos comportamientos. ¿Serán resquicios de la Alemania nazi y sus cruentos ideales? – me preguntaba para mis adentros mientras continuaba la lectura.

Me entristece enormemente comprobar como estas ideas machistas, discriminatorias, racistas y retrogradas venden. Me llena de coraje ver como estas pseudofilosofías basadas en el odio y el desprecio (aparentemente sin causa) tienen adeptos en pleno siglo XXI. Lo miserable es popular porque la estupidez es popular, parafraseaba a Borges un lector en los comentarios del artículo, y verdaderamente no se me ocurre mejor forma de resumirlo.

Al señor Pirinçci le quiero decir dos cosas. La primera es que, como mujer, nunca me he sentido inferior o incapaz frente a ninguno de mis compañeros varones, y la segunda es que me considero perfectamente capaz de refutar todos y cada uno de sus argumentos (sin siquiera haberlos leído).

¡Ah, y una cosa más! Hay algo que me ha dado rabia de escribir este artículo: la publicidad indirecta. Me imagino a este personaje con una copa en la mano y un cigarro en los labios, regodeándose con las críticas y, aunque lo dudo enormemente, si alguna vez llega a leer esto espero que se atragante con su cóctel de vanidad y arrogancia.