Nota personal: Ucrania se desangra

Hace dos años me despertaba con una noticia surreal. El día anterior había aterrizado en Kiev para estudiar los conflictos de la zona post-soviética. Sabía que en Kiev había movimiento, intranquilidad, pero en realidad, yo iba a estudiar esos malamente denominados “conflictos congelados”: Moldavia, Georgia y, evidentemente, Ucrania. Este último se descongeló de la mano de cientos de tiros.

Hace dos años, en la plaza de MaidanBerkut en Maidan (Kiev), comenzaron a caer personas como fichas de dominó. La ciudad se llenó de llamas, de muertes y de miedo, mucho miedo. Miedo a lo que estaba por venir, porque había pólvora en el aire y esa pólvora llegaría mucho más lejos del territorio de la capital. No pasó mucho tiempo hasta poder verse llamas en otros puntos del país.

Acababa de aterrizar y el mensaje de los consulados era claro: salir del país y si no era posible, no moverse dentro del país. Mis compañeros de estudios eran americanos y fueron evacuados con una fascinante inmediatez. El plan de estudios fue alterado para garantizar su seguridad, por lo que fueron http://www.cialisgeneriquefr24.com/prix-du-tadalafil-en-pharmacie/ desplazados a Kirguistán.  El 25 de Enero tendría que viajar a Odessa donde se encontraban mis compañeros para, desde ahí, salir hacia Moldavia. Pero cuando llegué a Odessa el panorama era el mismo que el que había visto los últimos días en Kiev: pánico – gente intentando sacar dinero de los cajeros, manifestaciones constantes, confrontaciones en las calles. Tras volver a Kiev la situación había llegado ya al este de Ucrania.

Hace dos años y la situación no ha mejorado. Ucrania se encuentra en guerra, pero los medios se han cansado de hablar de ello. De hablar de la muerte de hombres y mujeres, niños, ancianos… pero sobre todo demasiados inocentes.  

Barricadas en Kiev

Barricadas en Kiev

Hoy hace dos años aprendí realmente lo que es un conflicto. Lo que es mantener la calma aún sabiendo que algo fuerte se aproxima. La calma antes de la tormenta, una tormenta dolorosa, que hace sufrir a muchos amigos míos.  Por como he vivido, siempre me ha costado identificar un sitio como mi “hogar”. Esos meses en Ucrania, me acerqué tanto al pueblo ucraniano que realmente creí ser parte de ello. Me sentía una afectada más, sufría y me preocupaba como ellos.

Hoy, desde mi teclado, recuerdo a todos los que han perdido algo a alguien en esta guerra. Recuerdo a mis profesores y guías de esos días y espero recordarnos a nosotros que Ucrania sigue sangrando y que es probable que, a este paso, se desangre.

Esther Pomareta

Fundadora y directora de "El Precursor". Politóloga que escribe en publico.es. Pasó tres meses viajando por Ucrania, Moldavia y Georgia para estudiar los conflictos en la zona y residió durante un año en Lisboa. @EstPom

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