Nuestro pirómano preferido – Becas Erasmus

En España tenemos muchos pirómanos, de esos que queman nuestros bosques en verano y que apenas logramos llevar ante la justicia. Locos, desviados tal vez, que nos hacen mucho daño a todos. Sin embargo, hay uno que destaca entre todos, sin apenas tener que echarle mano al fuego. Se llama José Ignacio, se apellida Wert. Y es el más prominente de todos ellos, porque provoca un incendio, y lo apaga unas horas después. La última vez, ayer, con el recorte de las Becas Brasmus, y su posterior marcha atrás.

Imagino que nuestro querido estaría en su despacho del Ministerio firmando la orden ministerial justo cuando bajo su ventana se manifestaba toda la comunidad educativa en su contra. Como para sacarse la espinita. Vosotros me protestáis, pues yo os recorto las becas. Con nocturnidad y alevosía, puesto que ni siquiera anunció la medida. Con la soberbia  a la que nos tiene acostumbrados.

Sería redundante abundar en críticas hacia nuestro querido Ministro, que ya se las han dedicado casi todos los sectores de la educación de este país, e incluso sus compañeros de partido. Lo que muestra esta medida – rectificar es de sabios, eso no se lo niego – es la  total falta de una política educativa coherente de este Gobierno.

La política educativa es algo que se reflexiona, se planea, se discute y se ejecuta, no que se legisle un día y se cambie al siguiente. Por desgracia, cada vez que ha llegado un gobierno, ha impuesto su proyecto educativo : LOGSE, LOE, LOMCE. Los estudiantes nos perdemos entre tantas leyes, en ocasiones partidistas y contradictorias.

El caso de las becas es especialmente controvertido : la derecha las recorta en cuanto puede, la izquierda hace de ellas su caballo de batalla. Las Erasmus, más que un gasto superfluo, como nos dicen, son una apuesta de futuro. Permiten a multitud de jóvenes tener una primera experiencia en el extranjero, aprender un idioma, hacer contactos y disfrutar de una vida independiente, amén de continuar sus estudios. Son, en muchos casos, el empujón que necesitamos muchos para salir de nuestra casa, de nuestro país, e ir en busca de nuestro futuro a Europa – un futuro que aquí nos niegan.

Las Erasmus no son ni premios a los más brillantes, ni ayudas a los que menos tienen. Son un motor de construcción de un demos europeo, más necesario aún cuando nos hablan de más Europa, pero nosotros cada vez la sentimos menos. Son la garantía de que las próximas generaciones creeremos en el proyecto europeo más que en nacionalismos trasnochados. Son la clave para que Europa deje de sonarnos como algo lejano, sino como un proyecto del que nos sentimos parte activa.

Su supresión, como la de tantas otras políticas sociales, supone lo de siempre : que muchos no llegarán al final del camino, se quedarán frustrados en casa. Un caldo de cultivo perfecto para los euroescépticos y radicales que, por suerte, aquí aún no hacen mucho ruido.

Recortar las Erasmus es, en definitiva,pegarse un tiro en el pie si queremos ser una España europea y moderna. Ahora más que nunca, son imprescindibles.

Tomás de León
Estudiante de Ciencias Políticas
Madrid