Política y Mentira

En la Planta de Arriba del Café Comercial nos esperaba Andrea Greppi ansioso por introducirnos en sus noches temáticas sobre filosofía política, esta vez “Mentira y Política”. El jueves 21 de noviembre Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política, nos presentaba su libro “La Mentira os hará Libres”. La velada comenzó con su exposición sobre la relación entre ambos aspectos. Mientras escuchábamos el resto de los ponentes preparaban sus reflexiones.

Jesús Vega inició su exposición hablándonos de que “lo bonito de la mentira es que creemos que es verdadera” e introduciéndonos varias alternativas de ver la relación entre lo político y la verdad: por ejemplo una de las alternativas que ofrecía mostraba que la insistencia sobre la verdad puede incluso llegar a pervertir la democracia, insistiendo en que esta debe sustentarse en otros pilares. También hizo alusión a lo que, según el, quizás fuese la perspectiva que sigue Vallespín en su libro: un aislamiento de la verdad de la aspiración política, es decir, existe la verdad, pero no es sustancial, por lo cual se aisla de lo político. Cuando muchos entre los oyentes ya creían que no estaba una alternativa que los representara, Jesús Vega ofreció la última, la cual obliga la existencia de la verdad para que pueda funcionar la democracia de manera saludable.

Parecía que esta última era la opción menos probable, la menos afín con los grandes pensadores. Parecía que eso era lo que solo pensaba el “populacho”. Pero al fin y al cabo la democracia a la que queremos llegar es una democracia por y para el pueblo. ¿No es una concepción demasiado desgastada, la de creer, como hacía Platón, que solo pueden gobernar los “expertos“? Con esto no quiero decir que no se deba esperar una cierta cultura y un cierto nivel de aquellos que vivan de la política. Sin embargo no debemos olvidar que aquellos que nos gobiernan salen del mismo lugar que nosotros ¿porqué deben tener ellos el derecho de emplear la mentira? ¿Es realmente la mentira algo que el ciudadano da por hecho, acepta e incluso busca en la clase política?

La democracia debe pretender alcanzar la verdad ya que ello supone aspirar a lo correcto. Lo correcto refiriéndose no a una verdad objetiva inalcanzable, sino a opiniones y actuaciones fundadas en algo razonable. Los ciudadanos merecen justificaciones y explicaciones.

El último ponente de la noche, Pedro Chaves, se refirió directamente a un tema tocado en la obra de Vallespín: la relación histórica entre mentira y política, una relación innegable y como todo buen politólogo sabe, la historia pesa. Esta dependencia de la trayectoria (path dependence) es sumamente fuerte y ya fue mencionada por Hannah Arendt que hablada sobre la política y los prejuicios de pueblo contra ella, “unos prejuicios tan antiguos como la política y que en ellos mismos también son política”.

Es cierto que la política siempre ha estado marcada por la mentira y los prejuicios y hoy no vemos que haya cambiado. El corrupto piensa en enriquecerse en desmedida y opina que un cargo público es algo “de lo que hay que aprovecharse”. No obstante cada día hay una mayor demanda de veracidad, cada día el ciudadano se mueve más, se interesa y se informa. La política está para gestionar intereses y resolver conflictos, la mentira que emplea la cúspide solo es un homenaje a la verdad.

Esther Pomareta Fernández
Fundadora de “El Precursor”
Estudiante de Ciencias Políticas
Madrid

El Precursor

2 Comments

Jose Manuel Pomareta

Como profano en el tema, y opinando tan solo como un ciudadano, tengo mis dudas de que la verdad debe de ser siempre condicion innegociable dentro de una democracia.
Si en un gobierno estable se produce un hecho aislado de corrupción o cualquier otro tipo de deslealtad, debe el gobierno hacer publico siempre este hecho, a sabiendas de que la opinon popular, y a veces populista juzgará de manera, normalmente desproporcionada este hecho, o por el contrario es más recomendable resolver este asunto internamente sin darle a la oposicion la oportunidad (oportunista) de descontextualizar cualquier situacion para conseguir desestabilizar lo estable.
Por otro lado a veces la mentira es superlativa.
HAce dos semanas venia en un suplemento dominical una extensa entrevista a Pedro Solves, antiguo ministro de economia durante el gobierno socialista.
Este reconocio que uno de los motivos de su no continuacion en el cargo, fue el tratamiento de la crisis que se hizo dentro del partido (años 2008 y 2009) , y en el que personalmente Zapatero decidio hacer creer a la opinion publica que la crisis era una simple desaceleración, cuando en realidad esa luz del tunel que se decia que se empezaba a ver, no era el final de dicho tunel sino un tren que venia de frente y nos iba a arrollar a todos (Frase de Santiago Niño – Catedratico de Economia y que en esa epoca advirtio que el gobierno nos estaba engañando ocultando datos)
Un saludo
Jose Manuel Pomareta

Reply
Pablo Giménez Delgado

Como bien dices, la mentira puede ser “superlativa” y raro es que en política se una (entendida promovida por un caso de corrupción, por ejemplo) y que ésta venga sola, advenediza o extraña más que improbable es impensable.

Si tienes en cuenta eso, es difícil pensar que tal caso de corrupción se resuelva internamente, de manera autónoma, carente de impulsos exógenos. La corrupción se apoya, como cualquier cosa. Raro es que llegue a tomar una posición relevante en un gobierno sin ello.

Opino que la estabilidad no es siempre una virtud y su pretendido incondicional encomio es en gran parte responsable y merecida culpable no sólo de la actual situación de la política, sino de la imagen que muchos ciudadanos tienen de ella.

Un saludo.

Pda: Si ya es viciado el uso que se le da al término “populista” creo que su aplicación a algo como la opinión pública es totalmente improcedente, por no decir peligroso.

Reply

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *