Rodríguez, o cómo ser Dylan sin saberlo

Hace algo más de dos años se estrenó un documental emocionante sobre el improbable encuentro de un tal Rodríguez con la fama que le correspondía: Searching for Sugar Man. La mayor parte de personas que lean este artículo no sabrán de la existencia de este hombre, a menos que hayan visto el popular documental, que ganó el Oscar en el año 2013 en la categoría “mejor documental largo”.

Es uno de esos contados casos en los que la realidad supera ampliamente a la ficción. Sixto Rodríguez fue un cantautor de Detroit que, durante los años 70, actuaba en clubs, bares y pequeños teatros. Publicó dos discos y nunca terminó el tercero. A pesar de su evidente talento como músico (y letrista), no vendió apenas nada en los Estados Unidos. Tuvo algo de éxito en Australia y dio un par de conciertos allí a finales de la década de los 70 (etapa que, por cierto, el documental omite convenientemente). Después desaparecería de la faz de la tierra.

Hasta este punto se trataría de una historia normal. Algo parecido habrá ocurrido con multitud de artistas en todo el mundo; artistas cuyo talento no se vio correspondido con fama. En el caso de Rodríguez, sin embargo, no hemos llegado al final.

Durante los años 70, Sudáfrica vivía un período de revueltas estudiantiles e inestabilidad política. Eran los tiempos del apartheid y de la censura de la opinión pública. En ese contexto, una copia del primer álbum de Rodríguez llegó a Sudáfrica. Nadie sabe con seguridad cómo se dio esta circunstancia. El caso es que la gente empezó a escucharlo, a pesar de la censura, y sus letras y música se convirtieron en el himno de una generación que se levantaba contra el conservadurismo de sus mayores. Sus discos empezaron a venderse allí de forma masiva, y se convirtió en un artista de culto. En Sudáfrica, Rodríguez está al nivel de artistas como Bob Dylan o Elvis Presley.

Rodríguez, o cómo ser Dylan sin saberlo

Pero lo más increíble es que, durante años, Rodríguez no supo que era una estrella en Sudáfrica. No recibió ningún dinero de las ventas millonarias allí. La compañía con la que había publicado sus dos primeros discos quebró y él renunció a seguir por el camino de la música, trabajando y viviendo como un ciudadano más desde entonces. Hasta que en 1997, a través de una campaña en Internet, The great Rodríguez Hunt, dieron con él. Y le informaron que era un artista de culto en un país que se encontraba a miles de kilómetros de distancia del suyo y en el que no había estado en su vida.

En 1998 se fue de gira por Sudáfrica. Fue un reencuentro muy emotivo con unos fans que nunca se imaginaron poder verle sobre un escenario. Su música, treinta años después, le puso en el lugar que le corresponde a un artista de su nivel.

Si el lector no ha visto este documental, se lo recomiendo encarecidamente. Viene acompañado, además, de una excelente selección de los mejores temas de este escurridizo artista. Puede que incluso tengamos la suerte de verle en algún festival este verano; el pasado año 2013, sin ir más lejos, se dejó caer por el festival de Glastonbury. A sus 71 años, sigue aprovechando al máximo la vida que ha recuperado. Y nosotros se lo agradecemos; el mundo se hace un poco más interesante cuando un artista de este calibre renace de sus cenizas.

I Wonder, del primer disco de Sixto Rodríguez, Cold Fact.

https://www.youtube.com/watch?v=lsmin0GuBH8

Ángel Roldán Buñuel

Licenciado en Derecho Hispano-Francés. Guitarrista en Duermevela. Aficionado a la literatura. Busco mi propio punto de vista.

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