Sicario: Tus ojos americanos (***1/2)

En Ciudad Juárez no les ha gustado nada Sicario. La ciudad que alguna vez fue calificada como la “capital mundial del asesinato” se ha resentido de la mala publicidad que le da la nueva película del director de Prisioneros: “Bienvenida a Juárez”, anuncia Benicio del Toro en la escena en la que Emily Blunt abre sus ojos norteamericanos a un pueblo fronterizo donde los tiros y las explosiones te acompañan mientras compras el pan y donde cuelgan de los puentes cadáveres decapitados y desmembrados como si fueran adornos navideños. Esto fue Ciudad Juárez, y no hace demasiado. Este es el principio de un desagradable viaje que trastocará la inocente perspectiva de una protagonista a la que asiduamente se le niega la posibilidad de comprender nada acerca de la caza del narco, de los discutibles métodos de la justicia y de su aplicación en la terrible frontera de México.

Me da la impresión de que lo que se consigue con la convincente actriz protagonista se pretende trasladar al público americano. Se ha vendido como un narcothriller de acción al uso (paseando por Madrid, me desalentó encontrarme el cartel de una marquesina con un póster horrible que no me daba demasiadas esperanzas), pero aquí incluso la propia bandera de barras y estrellas, símbolo sacrosanto de la patria estadounidense, es puesta en cuestión. La “policía del mundo” no son unos héroes que se ensucian las manos pero acaban limpios. Al otro lado de la frontera, ensuciarse es la única manera de acabar con la carcoma. Esto lo sabe Benicio del Toro, cuyo personaje da sentido a la película entera, pero que tal vez puede pecar de obvio. Desde el primer plano en el que aparece, sabemos por dónde va a ir la jugada.

El póster horrible en cuestión

Britt Hayes hablaba de que Sicario es la mejor película que trata secretamente sobre la violación sin mostrarla ni como tema ni como acto, sino sugiriéndola en su lenguaje, en la posición de su protagonista respecto al resto del elenco masculino y ante la impotencia en la que se ve atrapada (llevada al extremo en una escena con Jon Bernthal y especialmente en la última de Blunt). Me parece una perfecta definición para una película que no necesitaba de ese matiz para ser interesante y poderosa. La fuerza reside en el detalle, en cómo el director conecta los puntos importantes, en cómo sugiere con los símbolos y en cómo deja el vacío imprescindible para que lo rellenes tú. De igual manera sorprende el cariñoso uso de la fotografía y, especialmente, un tratamiento espectacular de la banda sonora, en parte la mayor culpable del temblor espectral que te recorre el espinazo mientras te agarras a la butaca esperando el tiro que obviamente le van a pegar a ese de la pantalla. Pero lo mejor es cuando no te lo esperas, y en ese sentido, Sicario sorprende e impacta constantemente.

NOTA: ***1/2 de 5

Sergi Monfort Ferrer

Periodismo y Comunicación Audiovisual. Cinéfilo, cineasta amateur, a veces incluso juego a ser periodista. Veo películas si la universidad me deja tiempo y me quejo mucho de mis cortos. Estoy acostumbrado a ser el yogurín allá donde vaya y haga lo que haga. Mi mayor fan es mi madre. La gente quiere de eso que fumo, pero es que yo también.

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