Sobre lo que significa ser Charlie

El pasado miércoles 7 de Enero, Europa miró atónita lo que ocurría en una de sus ciudades más emblemáticas: París. No hace falta relatar, una vez más, lo que ocurrió; cualquier persona que esté leyendo este artículo habrá deducido por el título a lo que me refiero. Todos hemos visto las demoledoras imágenes que han sido retransmitidas una y otra vez. Este artículo nace de lo que sentí al enterarme de lo que estaba pasando en una ciudad de la que disfruté durante dos años de mi vida y de la que me sigo sintiendo parte: incredulidad, dolor y mucha, mucha rabia.

Lo que ocurrió el miércoles ha cambiado ya, para siempre, la historia de Europa. Además de haberse convertido en uno de los atentados más sangrientos de la historia de Francia, iba dirigido a golpear directamente uno de los pilares más importantes de lo que significa la Europa de hoy en día: la libertad de expresión. Para un europeo, la libertad de expresión no es algo que se pueda derribar con amenazas o muertes. Tendrían que acabar uno por uno con todos para evitar que nos comportáramos de una forma que, para nosotros, es natural. Nuestro espíritu ha crecido y madurado en un ambiente en el que lo óptimo es que se critique absolutamente todo. Esta regla básica de coexistencia no hace distinciones entre los seres humanos y los entes divinos. Y si la crítica se hace con humor y nos reímos un rato, pues mejor.

Debe recordarse una vez más que los asesinos no representan a la comunidad islámica mundial. Y he de admitir que, en el momento de enterarme de lo que estaba ocurriendo, la rabia llegó a nublar mis principios y convicciones como nunca antes: por momentos, llegué a despreciar a todo un colectivo del género humano. Me di cuenta de lo que puede hacerle el miedo y la rabia a una persona. Pero no hay que dejarse llevar por verdades sencillas, sino intentar ser siempre lo más objetivo posible. No podré evitar que este artículo esté cargado de sentimientos, porque eso es imposible. Pero trataré de pulirlos y razonarlos.

Una vez digerí lo que estaba ocurriendo, no pude evitar pensar por qué demonios, a estas alturas, sigue habiendo religiones que dividen al planeta entre partidarios de Jesucristo, Mahoma, Buddha, etc. También sorprende que una religión como el Islam, que en la Edad Media era practicada por unas gentes mucho más abiertas y sofisticadas que los cristianos (nosotros éramos los bárbaros entonces), esté desarrollando vertientes extremadamente radicales que, a pesar de no ser reflejo de la mayoría, expresan un cierto nivel de intolerancia que existe. Me refiero concretamente a las reacciones de la comunidad islámica. Todas condenan los atentados, que son un acto de barbarie que no representa lo que Alá significa, ni su voluntad. Sin embargo, la gran mayoría coincide en que las viñetas eran “una provocación”, a pesar de recordar siempre que existían medios legales para actuar y que jamás deberían ocurrir cosas como las que ocurrieron el miércoles. Pero ahí queda la palabra provocación, como una losa en mi cabeza. Por supuesto que las viñetas satíricas son una provocación: por eso son viñetas satíricas. El hecho de que se insista en que insultar a Mahoma o a Alá es una provocación, que se deje caer como recordatorio de que la comunidad islámica estaba en contra de aquellas viñetas, no procede. Lo sentimos, pero no vamos a dejar de criticarlo absolutamente todo, porque esa es nuestra naturaleza y nuestra forma de vida. Y si me apetece dibujar a Obama morreándose con Castro, lo hago. Y no entiendo por qué si cambio a Castro por Jesucristo tiene que ser mejor o peor. El humor es ficción, y tener sentido del humor es una de la cualidades más positivas que una persona puede tener, al menos según mi experiencia. Así que de provocaciones nada. Yo soy muy respetuoso con otras culturas y no voy a dejar de pensar lo que pienso porque dos radicales cometan un acto que va a hacer un daño terrible a muchos musulmanes moderados. Pero no me vengan con que sobre esta cosa y esta otra no se pueden hacer bromas porque son asuntos serios. No existen los asuntos serios. Creo que, en este sentido, sí hay que ser crítico con las reacciones de una parte de la comunidad islámica.

Sin embargo, la solución no está en el racismo ni la islamofobia. Europa, la Europa del futuro, debe tratar de transmitir esos ideales que para todos nosotros son parte de nuestra forma de vida a todo el mundo. Considero que todos los Europeos estamos de acuerdo en que la libertad de expresión es positiva en sí misma para el desarrollo de un espíritu crítico. Nuestra reacción, tanto en las redes sociales como en las calles, demuestra que estamos seguros de lo que somos. Demuestra que, en el fondo, sí está germinando ya una identidad común europea. El dolor de Francia es el nuestro porque lo comprendemos, porque nosotros también nos sentimos atacados en una parte de nuestro alma. Nos une lo esencial, nos une una forma de vida que debemos intentar compartir con el resto de la humanidad. A los europeos nos esperan grandes retos y muchas tormentas, pero yo al menos he recordado lo que nos acerca, después de tanto tiempo dándole vueltas a lo que nos separa.

Volviendo a las tormentas, estos ataques se traducen en más votos para la extrema derecha europea, ya en alza, un factor de inestabilidad en una Unión Europea que se tambalea. Si no queremos que la historia se repita una vez más, si pensamos que por fin hemos alcanzado un nivel de madurez suficiente como ciudadanos para darnos cuenta de que culpar a una parte de la humanidad de un problema mucho más inabarcable no traerá un mundo pacífico, si aún creemos en lo que de verdad significa Europa, si no queremos que la violencia genere más violencia, si no queremos perder lo que tanto hemos tardado en construir, la memoria de Charlie Hebdo debe servirnos para recodar quiénes somos, a qué no estamos dispuestos a renunciar y cómo podemos hacer entender a algunas personas que un dibujo es un dibujo, y nada más. Pero sin olvidarnos de quiénes somos, sobre todo sin olvidarnos de quiénes somos.

Yo soy Charlie, y Charlie no será nunca un racista, un intolerante ni un violento. Tampoco renunciará nunca a expresarse como le apetezca: podrás decirle cualquier cosa y él podrá decirte cualquier cosa, y hablando se entiende la gente. Las posibilidades de la comunicación entre seres humanos son infinitas y así debe seguir siendo, porque infinitas son también las opciones para entendernos.

Ángel Roldán Buñuel

Licenciado en Derecho Hispano-Francés. Guitarrista en Duermevela. Aficionado a la literatura. Busco mi propio punto de vista.

2 Comments

Jil

Cuando hacer humor sobre algo se convierte en tabú, es señal de que, sobre ese tema, tampoco se puede hablar en serio.

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Joaquin

Un artículo brillante.
Yo en estos dias sobretodo me ha venido a la cabeza algún diario español que ahora titula en primera página que todos somos charlie, pero que hace no muchos años en sus editoriales eran muy contrarios a que se realizaran sátiras que incluyesen a jesucristo o la virgen maria. Curioso el doblerasero.
Enhorabuena por tu post, ángel.
Saludos.

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