SOS Venezuela: los estudiantes plantan cara al chavismo

 

Tras cumplirse el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela ha vuelto a estar en el punto de mira de medios de comunicación internacionales y redes sociales. El motivo ha sido las protestas y manifestaciones de estudiantes que se han estado produciendo a lo largo y ancho de todo el país contra el gobierno de Nicolás Maduro, sucesor de Chávez. Hasta el momento la cifra oficial es de 13 muertos, la mayoría de ellos jóvenes manifestantes, en enfrentamientos con la Guardia Nacional Bolivariana y grupos paramilitares chavistas. Las imágenes y vídeos de los tiroteos, los muertos y la represión policial han dado la vuelta al mundo. ¿Pero cuáles han sido las causas de este estallido social y qué ha llevado a los estudiantes a arriesgar su vida por salir a la calle a reclamar sus derechos?

Venezuela atraviesa en estos momentos una grave situación de crisis política y económica, con una inflación de más del 56%, la más alta del planeta, desabastecimiento de productos básicos como el azúcar, la harina o el papel higiénico, inseguridad en las calles, una elevadísima tasa de homicidios, con una media de unos 50 diarios, convirtiendo así al país en uno de los más peligrosos del mundo por delante de Irak o Afganistán y un creciente autoritarismo y recorte de derechos y libertades fundamentales, como la libertad de expresión e información. Ante esta situación el movimiento estudiantil, que ya destacó en las protestas contra Chávez en años pasados, ha decidido organizarse y movilizarse frente a estos problemas. El gobierno de Maduro, con toda la maquinaria propagandística del Estado a su servicio, se ha apresurado a criminalizar a los estudiantes y demás manifestantes acusándoles de golpistas, fascistas, asesinos y burgueses, y de querer recuperar los privilegios que perdieron con la llegada al poder del llamado “Socialismo del Siglo XXI” en 1999.

Pero el caso es que la gran mayoría de estudiantes que están protagonizando las marchas tienen poco más de 20 años de edad, con lo que han crecido con el chavismo y no han conocido prácticamente otra cosa distinta. De modo que no pueden pretender recuperar algo que nunca tuvieron o nunca conocieron. Así mismo tampoco pueden pertenecer por su edad a ninguna élite del pasado ni a las fuerzas que orquestaron el golpe contra Chávez en 2002, como les acusa la propaganda oficial. Sus reclamaciones son compartidas por una parte muy importante de la población venezolana ya que afectan a toda la sociedad, y sobre todo a las clases medias y a las más humildes, que son en definitiva quienes más sufren el desabastecimiento, la escasez y la criminalidad en los Barrios. No es por tanto una cuestión de fascismo ni golpismo, sino que se trata de reivindicaciones populares y problemas comunes a todos, a los cuales el gobierno no ha dado respuesta y que ha tratado de negar o minimizar, cuando no culpar de ellos a la oposición.

 Protestas contra Maduro

En los últimos tiempos, el régimen se ha dedicado a hacer responsable de casi todos los problemas y desgracias del país a la oposición, ya sean explosiones accidentales en refinerías de petróleo, corrupción u homicidios en el transcurso de las protestas. Por el contrario, el gobierno casi nunca asume culpa de nada, pese a todo el poder que concentra en sus manos y que presume de tener. La inflación la han atribuido a la “guerra económica” del capitalismo contra los pueblos mientras que el desabastecimiento lo han achacado a la acaparación, la especulación y al sabotaje de la oligarquía opositora, que pretende así hacer pasar hambre a la gente. Todas estas acusaciones, además de no ir nunca acompañadas de pruebas fehacientes que lo demuestren, suponen una demonización y una incitación al odio contra toda voz crítica que surja en el país. En lugar de debatir ideas y tratar de resolver los problemas comunes, todo consiste en anular de entrada al adversario, atacándolo y descalificándolo personalmente, convirtiéndolo así en enemigo a combatir y provocando el enfrentamiento entre la población. Con Chávez aún en el poder, incluso se le negó de raíz la categoría de interlocutor político a la oposición, acusándola de antidemocrática, lo cual además de lo antes mencionado, hacía prácticamente imposible llegar a ningún punto de encuentro.

A todo esto, hay que sumarle la larga lista de insultos y calumnias lanzadas regularmente por destacados miembros del gobierno o del oficialismo contra la oposición. En la Asamblea Nacional o en declaraciones de miembros del gobierno se ha llegado a llamar varias veces “maricón”, “drogadicto” o “jalabolas” al actual líder opositor y gobernador del estado Miranda Henrique Capriles, el cual hasta ahora nunca ha respondido del mismo modo. Iris Varela, ministra de Asuntos Penitenciarios, que cobró fama como diputada tras agredir físicamente a un famoso periodista en directo en su programa de televisión, afirmó tener una celda preparada para Capriles en la cárcel y es conocida por descalificar e insultar a través de su cuenta de Twitter. Una de sus publicaciones más polémicas fue una en la que instaba a los opositores a “guardar la vaselina” porque esta vez “el palo iba doblado”. Frases y afirmaciones como esta están a la orden del día en el panorama político venezolano.

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Durante los años del chavismo, los principales dirigentes opositores han conocido de un modo u otro la persecución, la cárcel o el exilio, todo ello bajo acusaciones de haber cometido gravísimos delitos y de conspirar contra el gobierno. El anterior líder de la oposición Manuel Rosales fue acusado de corrupción por el gobierno y acabó exiliándose en Perú antes de que pudiera ser detenido por las autoridades. “¡Te voy a borrar del mapa político!¡Tú vas a ver quién es Hugo Chávez, desgraciado!”, le advertía el Comandante ante una multitud enfervorecida. Henrique Capriles, cuando era alcalde del municipio caraqueño de Baruta, estuvo preso durante 4 meses por los Servicios de Inteligencia Nacional acusado de instigar el asedio a la embajada de Cuba en Caracas, durante el golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002. Hace unos días, Leopoldo López, dirigente del partido Voluntad Popular y miembro de la coalición opositora, era detenido por la Guardia Nacional tras encabezar una multitudinaria marcha en la capital hacia el Ministerio de Justicia donde se entregó, tras ser acusado de terrorismo, homicidio y asociación para delinquir. Esto en el marco de las protestas estudiantiles contra Maduro, las cuales pasaron a contar con el apoyo de la coalición de partidos de oposición denominada MUD, Mesa de la Unidad Democrática. Como se ve, hacer oposición al chavismo puede resultar muy arriesgado y pone de manifiesto el carácter cada vez menos democrático del gobierno de Venezuela.

Más muestras de ello se han dado tanto en la etapa de Hugo Chávez como después de su muerte tras designar a Nicolás Maduro, antiguo conductor de metro y autobús, como su sucesor. Además de los excéntricos y carismáticos discursos que caracterizaron al Comandante, en otros se dedicaba a amenazar e insultar a la oposición y a los críticos con su gestión, llegando hasta a ordenar al ministro del interior echar “gas del bueno” a quien intentase manifestarse cortando calles o avenidas. En otra ocasión advirtió con militarizar el metro si los sindicatos hacían huelga. Hace unos meses, tras la ajustada victoria de Maduro y con las denuncias de fraude electoral por parte de la oposición, se privó a los diputados opositores del derecho de palabra en la Asamblea Nacional por no reconocer al presidente como legítimo hasta que se hiciera un recuento de votos. Frente a esto los diputados protestaron en la Cámara con una pancarta que decía “Golpe al Parlamento”, ante lo cual fueron golpeados y heridos por los diputados chavistas. Las imágenes de ello fueron censuradas por la televisión oficial pero pudo quedar constancia de ello por las grabaciones hechas por algunos diputados con sus móviles.Protestas contra Maduro

A menudo el gobierno califica todo atisbo de crítica de golpismo, fascismo y de estar al servicio del imperialismo yanqui. Aquí cabría decir en primer lugar que, si bien es verdad que se trató de dar un golpe de estado contra Chávez en 2002, él ya lo había intentado previamente el 4 de febrero de 1992 contra el gobierno socialdemócrata de Carlos Andrés Pérez, fecha que ha sido glorificada posteriormente hasta tal punto de convertirse en “Día de la Dignidad Nacional”. Por ello, el chavismo ha quedado en malas condiciones para acusar de golpistas a los demás, habiendo legitimado ellos el golpe de estado como forma de hacer política. En cuanto al calificativo de “fascistas” o “ultraderechistas”, habría que tener en cuenta que la MUD está compuesta por cerca de 29 partidos distintos, entre los que están “Primero Justicia”, partido de Capriles, y “Voluntad Popular”, ambos de ideología liberal pero también otros partidos de centro-izquierda como “Acción Democrática”, al que pertenecieron los considerados padres de la democracia venezolana Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos, “Movimiento al Socialismo” o “Bandera Roja”, este último de ideología marxista-leninista. Por ello es falso identificar a la oposición con la derecha y el fascismo.  Es más, en ciertos asuntos se podría considerar que ha sido el chavismo quien ha defendido posturas más conservadoras, al apoyar la energía nuclear y oponerse a la legalización del aborto o del matrimonio homosexual, siendo la oposición la que ha defendido estas dos últimas medidas. En definitiva se trata de un movimiento mucho más complejo y plural y que desde luego no recibe órdenes de Washington como denuncia el gobierno.

Algunos de ellos incluso estuvieron apoyando a Chávez al principio muy entusiasmadamente, confiando en que realizaría los grandes cambios que necesitaba el país y se acabaron pasando a las filas opositoras ante la deriva autoritaria del gobierno y la frustración con su gestión. Esto mismo fue ocurriendo con otra mucha gente que apoyó la llamada “Revolución Bolivariana” en un principio y que fue decepcionada con el transcurso de los años. Con ello creció fuertemente la desafección hacia el movimiento a la vez que por el otro lado se afianzaba la popularidad, el carisma y el liderazgo de Chávez, sobre todo entre las clases populares, con programas de alfabetización, atención sanitaria y viviendas sociales. Así se mejoraron las condiciones de vida de mucha gente desfavorecida, a pesar de lo cual han seguido manteniéndose hasta la actualidad en la pobreza, solo que con prestaciones del Estado. De esta forma se fue creando una importante división política en la sociedad. Una división que ha dado lugar a un tenso clima de convivencia que se ha ido agravando con el tiempo y que ha acabado derivando en esta nueva ola de protestas contra el gobierno, saldándose con varios muertos, decenas de heridos y detenidos.

El presidente Maduro tendrá que ver cómo es capaz de manejar la situación y que no acabe en un baño de sangre, como en parte ya ha ocurrido. De momento, se ha denunciado censura y autocensura en algunos casos en radio y televisión, que no retransmitieron las imágenes de las manifestaciones ni de la violencia por temor a ser acusados de atentar contra el “Orden Público” y la “Seguridad de la Nación” y ser sancionados por ello, en aplicación de la “Ley de responsabilidad social en radio y televisión”. Esta ley permitió también años atrás retirar la licencia de emisión a Radio Caracas TV, una de las principales cadenas críticas con el régimen, y expulsarla así de la programación nacional. Además se han retirado las credenciales para emitir a algunas cadenas como CNN en español y se ha expulsado a varios diplomáticos estadounidenses del país. Las redes sociales, que han estado siendo utilizadas como medio de difusión alternativo, también han sufrido el bloqueo temporal del gobierno, como ocurrió con Twitter. Junto a esto están las imágenes y denuncias de la brutalidad policial y de los grupos paramilitares chavistas como los “Tupamaro”, que se señalan junto a la Guardia Nacional y los Servicios de Inteligencia Nacional como autores de ataques y asesinatos de manifestantes. Estos hechos han provocado la denuncia de ONGs como “Human Rights Watch” o “Amnistía Internacional”, acusados por el chavismo de ser “agentes del imperialismo”, así como de artistas y líderes internacionales que han mostrado su apoyo a las protestas con el lema “SOS Venezuela”.

Está por ver cómo acaba esta situación y si el gobierno es capaz de mantener por más tiempo un chavismo sin Chávez. Maduro, que se define a sí mismo como “Hijo de Chávez” se ha dedicado a vivir de la obra e imagen del Comandante sin haber tenido que ganarse realmente el liderazgo, más allá de haber sido designado por él como su sucesor. “¡Chávez, lo juro, mi voto es pa´Maduro!”, gritaban sus seguidores en la campaña electoral, frase que refleja claramente que el apoyo que ha conseguido se ha basado en seguir fielmente la voluntad del difunto, elevado por su sucesor a la categoría de héroe nacional a venerar por todos. El culto a Chávez ha llegado hasta tal extremo, que Maduro ha llegado a asegurar que se comunicó con su espíritu a través de un pajarito o que su rostro apareció y desapareció en unas excavaciones del metro de Caracas.

De momento las movilizaciones prosiguen y esperan lograr un gran cambio en el país que les permita vivir realmente en paz y libertad. Mucha gente que acabó considerando la “Revolución Bolivariana” como la ocasión perdida de hacer de Venezuela un país próspero, libre y seguro, se apunta ahora a las marchas en solidaridad con los estudiantes para lograr ese objetivo común.

Como reza el himno nacional venezolano: “¡Gloria al Bravo Pueblo!”