Terrorismo normalizado

Todos somos conscientes de que el ser humano, además de ser el más inteligente del universo, es el responsable de numerosos desastres mundiales.

La evolución del hombre del paleolítico hasta nuestros días ha sido reflejada en los libros de historia, lo cual supone que quien estudió que hubo una primera Guerra Mundial, no participaría en la segunda, o que quien se aprendió  la Declaración de Derechos Humanos, no explotaría a los trabajadores de su empresa.

Suena paradójico, pero es la realidad. Parece que en vez de aprender de nuestros errores, queremos intentar ser más astutos o mejores que los que los cometieron, y volvemos a meter la pata. ¿Cómo pueden suceder tantas desgracias que ya sabemos que  han sucedido anteriormente?, y lo que más me pregunto: ¿cómo pueden existir situaciones normalizadas de esas desgracias?

En este punto quería referirme al problema español del terrorismo y las circunstancias que desde algún tiempo subsisten junto a él.

Según la RAE,  “terrorismo” es la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. Sin entrar en el porqué ni en el para qué de esta violencia, me gustaría comentar algunas ideas que me han ido surgiendo desde hace unos cuantos años, y que hoy me he animado a compartir gracias al vídeo difundido la semana pasada sobre un periodista que se enfrenta a los expresos de ETA.

Todos sabemos – no tanto los jóvenes que no hemos vivido la época de mayor actividad – lo que la banda ETA ha ido haciendo en nuestro país. Ahora parece que todo está más tranquilo, pero me cuentan mis padres que hace unos veinte años, casi todas las semanas había un atentado, una bomba, una desgracia. Recuerdo que cuando era pequeña, mis primos de Toledo no querían venir a Madrid porque les daba miedo que pusieran una bomba.

Esta gente no sólo ha asesinado a miles de personas, sino que ha sembrado el miedo en su propio país, y ni si quiera ha pedido perdón por ello. Y yo me pregunto, como imagino que mucha gente habrá hecho en estos años,¿cómo es posible que muchos aspectos del terrorismo aparezcan normaliza-dos? ¿cómo puede haber partidos políticos que aprueban el terrorismo? o mejor aún, ¿cómo puede haber gente que vota a estos partidos o que salen a la calle a manifestarse a favor de los presos de ETA?

También he oído a muchas personas quejándose de la justicia española por permitir que gente que ha cometido tantos asesinatos, sólo pueda cumplir un máximo de cuarenta años en la cárcel, y además, pueda salir antes por comportarse adecuadamente o realizar trabajos o estudios en prisión. A raíz de este problema surgió la famosa doctrina Parot, por la cual, en vez de aplicarse los beneficios penitenciarios a las penas máximas, se aplicaban a las penas totales. Esto es, si alguien tenía una pena de 100 años, de los cuales sólo podría cumplir 40 en la cárcel, los beneficios penitenciarios descontaban años de pena de los 100 años y no de los 40, lo cual era claramente desfavorable para los terroristas.

Lo que más rabia da es pensar: ¿cómo se permite esto? ¿Cómo es posible que en un Estado de Derecho, no haya ningún mecanismo que evite estas frivolidades?

Un abogado a quien admiro, me contestaba a todas estas preguntas de la misma manera. Las leyes son las leyes, y si tienen que cumplir 40 años, eso no es por la justicia, sino porque lo dicen las leyes”. Cuando trataban de ilegalizar el partido político Sortu, su contestación fue: “si un partido político cumple las leyes, aunque se conozcan  sus verdaderas intenciones, es muy difícil ilegalizarlo”.

Por tanto, todo versaba sobre el cumplimiento de la ley. Si las leyes decían una cosa y alguien hace lo que la ley establece,  nadie puede hacer nada.

Ahora que llevo tres años estudiando la carrera de Derecho, me doy cuenta de que lo que decía era verdad. Que posiblemente, la culpa no es de la justicia española, sino del legislador, que hace leyes sin pensar en las consecuencias. Lo mismo ha pasado con la doctrina Parot, que la culpa no es de los jueces de Estrasburgo, sino de los legisladores españoles, que después de abolir la pena de muerte de Franco, la pena máxima para los mayores criminales del país era de cuarenta años más beneficios penitenciarios. Lo que se tendría que haber hecho entonces, es establecer unas penas más duras para los delitos más graves, pues como dijo mi profesor de penal, magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid, el gol nos lo marcamos en propia puerta al pasar de un sistema tan duro a otro como el actual, bastante blando.

Sin embargo, veo las noticias y no dejo de preguntarme cómo es posible que sucedan estas cosas. Parece normal que el terrorismo esté tan presente en nuestras vidas. Y esto es lo que me volvió a suceder hace una semana en la comida, cuando veía en el telediario un comunicado que hacían los expresos de ETA, en el que de repente, un periodista les reclamaba que pidieran perdón. Se me escapó que aquello era apología del terrorismo, y para variar un poco, alguien me dijo que parecía mentira que estudiara derecho, que si no decían determinadas cosas, que dieran un comunicado no era apología ni era “na”. Pero claro, a ver cómo le explicas eso a quien le han matado un hijo…

Y es que es verdad. Todos tenemos derechos. Manifestaciones, comunicados, partidos políticos… Todo lo que hacen está dentro de la legalidad. Pero qué pesa más, ¿el derecho a la vida de las personas o los derechos de comunicación, asociación, indefensión de los terroristas? Parece que desde Estrasburgo nos han dejado claro que al igual que las víctimas tienen sus derechos, los presos también tienen los suyos – lo cual es innegable – pero ¿a costa de qué?

Entonces decidí buscar el vídeo completo en el que se veía la cara de los expresos, atónitos, sin saber qué decir a las recriminaciones del periodista. La verdad es que fue emocionante oír a una persona hablando por millones de españoles y miles de familias afectadas. Fue vergonzoso ver cómo ver aquellas personas que se reunían para hablar de sus derechos, no saber ni qué contestar a lo que les decía este hombre.

Claro que hay que cumplir la ley… pero la vida no sólo se rige por normas legales. Gracias a Dios que existen valores, sentimientos, amor, esperanza y sentido común. Gracias a este periodista, por haberme incitado a  escribir esta reflexión, para intentar explicar que muchos problemas los hemos creado nosotros mismos, pero que hay otros mecanismos que no están en la ley para afrontar las injusticias del terrorismo.

Gracias a este hombre, que sin violencia, con valentía y con palabras, ha avergonzado y probablemente ha hecho pensar a más de uno de los que estaban reclamando su derecho a la autodeterminación. Quizás incluso ha hecho replantearse ciertas cosas a alguno de ellos.

Puede ser que la ley les abra puertas, pero es seguro que las personas se las cerrarán.

 

 

Cristina Escalona Fuentes

Estudiante de Derecho y Administración de Empresas en Madrid

1 Comment

Ana Pomareta

Que alegría me da, ver que los jóvenes tienen tanto sentido de la justicia. Estamos salvados cuando ellos tomen el relevo en los puestos políticos y de poder. Entonces las cosas van a cambiar bastante. Todo lo que hemos invertido en ellos va a dar un fruto y espero verlo pronto.

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