Tres Meses en el Este: Empieza una aventura

Un día, cuando tan solo tenia tres años, fui con mi madre y mis hermanas al oculista, ya que  todas ellas debían graduarse la vista.  Yo, por lo que me contaron, solo quería jugar y veía que en ese momento yo no era la protagonista, por lo que me sentaron, para distraerme, y me hicieron el mismo control que a las demás. Resultó que a la edad de tres años ya tenía más de tres dioptrías,  lo que significa que seguramente nunca había visto bien. Me plantaron unas gafas y le pregunté a mi madre que que eran esos puntos blancos en el cielo. Nunca había visto las estrellas. Esa es la misma sensación que tuve cuando volví de mi viaje estos pasados meses. Me han puesto unas gafas, y ahora lo veo todo mejor, más claro, veo cosas que antes nunca había visto .

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El Este de Europa, ese sitio tan lejano a nosotros, ese lugar marcado por la herencia de: primero, años de Imperialismo y, después, la época de la Unión Soviética. Pero esa Europa del Este no está tan lejana y, es más, cada día está más cerca; aunque aún quedan pequeños baches por superar. Yo tuve la oportunidad de pasar tres meses descubriendo Georgia, Moldavia y Ucrania. Tres países distintos por sus idiomas y culturas pero unidos por ese pasado común y por su relación con el heredero del trono soviético: Rusia – Putin.

 

Cuando una persona aterriza por primera vez en una de las antiguas repúblicas soviéticas casi puede oler los pequeños detalles que aun recuerdan a esa época. Muchas cosas parecen no haber sido renovadas desde entonces y conservan el estilo de los años del comunismo. Gracias a las vueltas que da la vida, mi primer encuentro con el Este no fue precisamente durante estos tres meses, fue años atrás, en verano del 2003 cuando aterricé un día en Moscú. Mi primera impresión: todo está viejo, tiene un aire muy distinto a lo que yo conozco. Evidentemente, de eso hace ya más de 10 años por lo que Moscú y, en general, el Este han cambiado y evolucionado. No obstante creo que esa primera impresión la sigue teniendo mucha gente cuando aterriza en suelo post-soviético.

Vemos que iba con ventaja, ya conocía Moscú y también Kiev, pero lo que iba a descubrir durante mis tres meses en el Este sería totalmente diferente a lo que había visto con anterioridad: gente sin nada que llevarse a la boca luchando por cambios políticos, luchando por la democracia; gente tan pobre que no tenía agua corriente en sus casas; personas que vivían aisladas por completo del mundo moderno, en mitad de una montaña. Lo que unía a todas esas personas era la sonrisa que te regalaba por querer conocerlos a ellos, a su país, su historia, sus vidas. Quiero contar mis experiencias en estos países, hablar de esa gente que quiere ser escuchada, hablar de cosas que os puedan interesar y de otras que quizás no queráis creer.

He visto a gente que vive marcada por un pasado que arrastran hasta hoy y entristece su presente. He visto paraísos naturales. He visto riqueza absurda que linda con lo obsceno. Sobre todo he visto que he tenido la posibilidad de ver, que me han abierto los ojos y quiero, en mis próximos artículos sobre mis  “Tres meses en el Este” abriros los ojos a vosotros también. Os regalo unas gafas.

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Esther Pomareta

Fundadora y directora de "El Precursor". Politóloga que escribe en publico.es. Pasó tres meses viajando por Ucrania, Moldavia y Georgia para estudiar los conflictos en la zona y residió durante un año en Lisboa. @EstPom

3 Comments

Javier

Se que no seré imparcial, ¿ estoy obligado a ello ? Pues cómo no lo estoy simplemente diré INSUPERABLE, MAGNÍFICO, EXTRAORDINARIO. Si es que desde los tres años ves perfectamente. Un beso

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Cristina

Interesante introducción, estoy impaciente por conocer el resto del viaje!
Gracias por las gafas, las mías ya no están muy bien graduadas ;)

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