Tres Meses en el Este: Moldavia

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El 25 de Febrero me subía al tren nocturno Kiev-Odesa expectante, con el corazón en un puño por lo que estaba sucediendo pero llena de ganas y lista para comenzar el viaje. Mi camarote lo compartía con otras tres personas: Andreij, mi guía y  gran amigo, una joven estudiante y un anciano dispuesto a conversar. Su mirada era triste no obstante había fuerza en su voz cuando nos contaba como veía el el conflicto: “la gente debe dejar de lado las radicalidades”, decía, “comprendo que estén enfadados, pero lo que hicieron con el monumento a Lenin no me parece correcto. Mucha gente tiene muy buenos recuerdos de esa época. La estatua de Lenin como mínimo tiene un gran valor histórica. Si no te gusta algo, sácalo de tu vista pero no lo destroces, podrías herir a alguien”. Escuchar esas palabras me reconfortaba, el señor era claramente pro-Maidan ya que no paraba de repetirlo, pero era consciente de que eso no quitaba para seguir siendo comportamientos civilizados y respetuosos. Aunque en general, he de admitir, que el movimiento Euro-Maidan no se caracteriza por su violencia precisamente.

A la mañana siguiente llegábamos a Odesa, mi cuerpo estaba tenso pero lleno de adrenalina cuando me bajaba del tren. Desde Kiev Odesa parecía una ciudad en la que la violencia se encontraba en todas las calles, pero a parte de la fina capa de nieve no vi mucho más. Tras conocer al resto de compañeros que iban a viajar conmigo nos pusimos de camino a la estación para ir hacia Moldavia. En este punto hay que enfatizar que en español se llamaría una estación de autobuses, pero una mashrutka no es del todo lo un autobús. (Explicación). Cinco horas después llegábamos a nuestro pequeño hostal en Chisináu. Como no puede ser de otra manera a la mañana siguiente visitamos la bodega de Millisti Mici, cata de vinos incluida. El vino es el producto principal en Moldavia, un país extremadamente pobre principalmente agrícola. Ese mismo día, tuve la oportunidad de hablar por primera vez con Moldavos sobre el conflicto en Transnitria y la relación de Moldavia con Rumanía.

 “El problema en Transnistria es el resultado de la rusificación. Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial se llevaron a los trabajadores Moldavos a Siberia y trajeron a rusófonos para que ocuparán la élite política.”

“Será difícil que Moldavia y Ucrania entren en la UE o en la OTAN, porque para Rusia estos Estados tienen la función de barrera entre Rusia y la UE. Además de “sujetar” la rusificada Transnistria.”

Esto fue solo una parte de los temas que tocamos. A la mañana siguiente emprendíamos el viaje hacia Gagauzia, un conjunto de zonas autónomas dentro de Moldavia. Ahí tuve la oportunidad de hablar con Mihail Sirkeli de etnia gagauza. El me comentaba que en Gagauzia se lleva una vida igual que en cualquier otra provincia  y es la segunda región más grande de Moldavia. La zona tenía un aspecto pobre, muy poco desarrollado. Aunque recibe ayudas de Turquía por su relación étnica no se puede decir que Turquía tenga influencias política en la zona, a parte de la influencia económica y cultural dadas las inversiones que hace el país y por las estrechas relaciones históricas. Es por ello que se denomina a Gagauzia el puente entre Turquía y Moldavia, aunque según me comenta Mihail, Turquía no es popular en Gagauzia. Es más, relaciones entre esta región autónoma  son más estrechas con Rusia ya que se trata de una región rusófona influenciada por los medios rusos.

Gagauzia daba de comer al ejército ruso. Nuestras relaciones con Rusia son estrechas aunque desgraciadamente sus medios se dedican a lavarnos el cerebro. Los medios rusos mienten tanto que se puede decir que cometen crímenes contra la humanidad.

El problema en Transnistria es el resultado de la rusificación. Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial se llevaron a los trabajadores Moldavos a Siberia y trajeron a rusófonos para que ocuparán puestos en la cúspide política.

Muchos Gagauzos deciden estudiar en Transnistria, primeramente por el idioma y en segundo lugar porque, según dicen, es menos difícil.

Esa noche la pase en un pueblo en la frontera con Rumania. Nada más llegar se veía la extrema pobreza de la zona. Calles sin asfaltar, casas sin agua corriente. Pero no por ello fui recibida de mala manera. Es más, el recibimiento, fue muy cálido. La familia había preparado platos tradicionales y sacado el vino y licor hechos en casa. Lo poco que tenían lo ofrecían. Fue un honor poder pasar la noche en esa acogedora casa. Al día siguiente, tras observar la frontera con Rumania, que estaba bañada en niebla, nos pusimos de camino a Transnistria.

Esther Pomareta

Fundadora y directora de "El Precursor". Politóloga que escribe en publico.es. Pasó tres meses viajando por Ucrania, Moldavia y Georgia para estudiar los conflictos en la zona y residió durante un año en Lisboa. @EstPom

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Nota personal: Ucrania se desangra | El Precursor

[…] pero en realidad, yo iba a estudiar esos malamente denominados “conflictos congelados”: Moldavia, Georgia y, evidentemente, Ucrania. Este últimó se descongeló de la mano de cientos de […]

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