Yo, yo mismo y mis valores

Hoy, volviendo a casa en transporte público como todos los días de mi vida he escuchado algo que me ha sonado como un insulto hacia mis valores, aunque quienes lo han emitido no se han dado ni cuenta. El comentario decía algo así:
Señor 1: Mañana en Madrid entraran a gobernar los comunistas.
Señor 2: Y a esto llaman democracia. A poder gobernar sin la mayoría (haciendo referencia al PP).
Señor 1: Un susto es lo que hace falta.
Desde los resultados del pasado 24 de Mayo, el hecho de no tener mayorías está creando crispación. No estoy conforme con los resultados electorales, pero como demócrata se cuáles son las reglas del juego.
Que esa mayoría es la mayoría más votada es indiscutible. Pero resulta, señor mío, que la fuerza más votada no tiene por qué ser la mayoría. Resulta, que para algunos es indignante que el PSOE apoye en la sesión de investidura a Manuela Carmena pero, en un escenario paralelo resultaría indignante que PSOE pactase con PP. La gracia de la democracia no son las mayorías absolutas, tampoco reside en que gane la fuerza más votada. ¿De qué sirve un gobierno sin apoyos para elaborar políticas públicas? De nada. La gracia de la democracia consiste en que se gobierne PARA TODOS porque es el único sistema de gobierno en el que los ciudadanos toman parte de las decisiones. Y eso se consigue mediante el consenso. Consenso que no se dará si un actor no gobierna solo.
Y, tras el final apocalíptico (o apoteósico, no sé) me gustaría defender la democracia como valor. Churchill decía que “la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás”. No es el sistema perfecto, y para algunos tampoco el mejor. Pero cuando ganamos, todos somos demócratas y cuando perdemos, el sistema “apesta”. Pues eso es de ser mal perdedor. Si me permitís la analogía, es como perder la final de la Champions y echarle la culpa al árbitro. Que tan solo es una percepción derivada del “pique” del momento. Forma parte de ella el castigo electoral, la capacidad de los ciudadanos de votar racionalmente y expresar sus preferencias. Y si tú lo has hecho, los demás también pueden. Respeto es la esencia de la democracia.